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36 ANTONIO MANZANO LAHOZ soberanía absoluta, no se llegó a una gran implantación pues anuló todo lo legislado en su ausencia. En 1820, con la organización de un gobierno constitucional el 7 de marzo como consecuencia del alzamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan -Sevilla-, el decreto del 24 de abril retomó la tarea pendiente de organizar la Milicia Nacional. Para la Milicia Nacional Activa se tomaron como base los regimientos de Milicias Provinciales del Ejército; con esta medida, el liberalismo obtenía dos grandes ventajas; la primera, ahorrarse muchos esfuerzos porque estos regimientos ya estaban organizados y tenían una amplia y sólida implantación territorial y local desde mediados del siglo XVIII; y, la segunda, sustraer al Ejército una parte importante de su fuerza al ponerla a disposición de las autoridades locales. El desarrollo de la Milicia Nacional alcanzó un nivel superior el 15 de octubre de este año, cuando, al igual que existía en el Ejército desde Carlos III, se reguló la arenga que debía dirigirse, literalmente, a los que acababan de formular su juramento como milicianos: «¡Milicianos nacionales!: Todos los individuos que tenenos la honra de estar alistados bajo esta bandera nacional54 que Dios Nuestro Señor se ha dignado bendecir para que nos sirva de punto de reunión contra los enemigos de nuestra independencia y libertad civil, estamos obligados a conservarla y defenderla hasta perder nuestras vidas, porque así lo exige la gloria de la Nación, el crédito del cuerpo y nuestro propio honor, cifrado en el cumplimiento de la solemne promesa que hemos hecho de emplear las armas que la Patria ha puesto en nuestras manos en defensa de la Constitución política de la Monarquía…».55 Nación -palabra de antiguo significado cargada ahora de valores modernos, patria y constitución eran los nuevos ideales políticos que trataba de implantar el liberalismo. Una vez lograda la consolidación de la Milicia Nacional, se dictó, en cumplimiento del artículo 363 de la Constitución, la ‘Ordenanza para el régimen, constitución y servicio de la Milicia Nacional’ de fecha 29 de junio de 1822, equivalente en importancia a la del Ejército, y por la que quedaba bajo la autoridad de los ayuntamientos y las diputaciones provinciales, es decir, las autoridades político-gubernativas; por su parte, los mandos de las compañías salían por elección de los milicianos 54  Este mismo reglamento establecía en su artículo 72 que sus banderas serían rojas, amarillas y rojas, en lugar de las moradas establecidas en el reglamento de 1814. El pensamiento moderado había controlado este segundo proceso eliminando el radical y sus banderas moradas. 55  Gómez Ruiz, Manuel y Alonso Juanola, Vicente: op. cit., T. V***, 2002, p. 64. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2018, pp. 36-72. ISSN: 0482-5748


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