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40 ANTONIO MANZANO LAHOZ como contrapeso armado del Ejército, el diputado Manuel del Llano Nájera, coronel de Artillería y diputado por América y Filipinas,63 reclamaba que “sin disminuir la autoridad que al Gobierno conviene, es necesario que la clase militar no sea considerada en lo sucesivo como satélite de éste, sino como ciudadanos que ejercen una profesión útil a su Patria”. En aquel tiempo, “las capitanías generales fueron confirmadas en el control político y judicial en las provincias”64 y, por ello, los capitanes generales y los gobernadores militares adquirieron un protagonismo especial al convertirse en árbitros de la situación, declarando el estado de sitio o de guerra, sacando las tropas a las calles y, en ocasiones, siendo víctimas de los excesos de las masas. Sin embargo, para comprender los comportamientos individuales de los militares de menores niveles orgánicos y la actuación de las unidades, conviene tener presente que “en toda crisis de la nación, los ejércitos se sitúan con los grupos que sienten más próximos al patriotismo, a la disciplina y a unas mínimas tradiciones esenciales”.65 Así, según los acontecimientos, se ha descrito como ‘popular’ al Ejército de la Guerra de la Independencia, de ‘aristocrático’ durante el decenio 1823-1833 y de ‘progresista y liberal’ entre 1834 y 1874. Carl Marx, desde su análisis de la situación española, opinaba que “la peculiar posición de España y la guerra por la independencia crearon condiciones en las cuales el Ejército resultó ser el único lugar en que podían concentrarse las fuerzas vitales de la nación española”.66 Raymond Carr coincide afirmando que “no se trataba simplemente de que el Ejército fuera el refugio del liberalismo y la defensa de éste contra el carlismo; era también la única institución sólida del estado liberal”.67 La misma percepción tiene Gabriel Cardona: el Ejército era la fuerza política más importante del Estado y su única institución sólida.68 Por ello, en palabras de Fernando Fernández Bastarreche, “entre 1814 y 1874 puede decirse que el Ejército se constituye en el más importante protagonista de la vida política española porque nos encontramos ante un poder civil sin fuerzas suficientes que hace preciso el recurso a las figuras militares”69 debido a que 63  Ver http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/SDocum/ArchCon/SDHistoDipu 64  Clemente, José Carlos: “El Ejército español en la primera mitad del Ochocientos”, en Revista de Historia Militar, nº 55, 1983, p. 86 y 87. 65  Alonso, José Ramón: op. cit., p. 11. 66  Marx, Carl y Engels, Frederick: Revolución en España Ed. Ariel, Madrid, 1960, pp. 26 y 31, citado por Alonso, José Ramón: op. cit., p. 257. 67  Carr, Raymond: España 1808-1939. Ed. Ariel, Madrid, 1966, pp. 215-216. 68  Cardona, Gabriel: op. cit., pp. 46 y 47. 69  Fernández Bastarreche, Fernando: El Ejército español en el siglo XIX. Ed. Siglo XXI de España, Madrid, 1978, pp. 4 y 6. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2018, pp. 40-72. ISSN: 0482-5748


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