Page 69

RHM_extra_II_2018_

68 ANTONIO MANZANO LAHOZ −− Orden y protección legal −− Borrar las huellas de anteriores luchas −− Que las discordias desaparezcan para siempre −− Sostener la Constitución del Estado −− Que la Constitución y las leyes no se vean jamás ultrajadas −− Fortalecimiento de las instituciones No ha de resultar del todo extraño, pues, el reciente y novedoso fenómeno patriótico de ver en las ciudades españolas cómo, desde el mes de septiembre de 2017, los ciudadanos han colgado la bandera nacional de los balcones de sus casas, con escudo y sin él, nuevas y descoloridas. Esto no ha ocurrido, como podría pensarse, por ser habitual cada año -si bien en mucha menor medida- porque comenzaban a celebrar el Día de la Fiesta Nacional, el 12 de octubre. El fenómeno ha sido mucho más amplio y general, y constituye un hecho sin precedentes pues se aprecia en él la amplia y libre expresión de los deseos de conservar íntegra la unidad entre todos los españoles y la convivencia, la lealtad institucional y la defensa de la Constitución ante hechos que estaban ocurriendo amenazando la unidad de España. Esta explosión de banderas nacionales no procede de una persistente campaña institucional que animara a los ciudadanos. Las banderas de los balcones han surgido de los sentimientos íntimos de los españoles que, probablemente sin ser plenamente conscientes de ello, ven en la bandera roja, amarilla y roja los mismos valores que nuestros antepasados de 1843. Tal como lo recoge la Constitución en su Artículo 4.1., “La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. La Constitución no cita el escudo152 y ni siquiera la posibilidad de añadirlo a la bandera porque la bandera es el símbolo de la nación, cuya esencia es la permanencia y continuidad. En cambio, el escudo es el símbolo del estado, cuya esencia modificable entre las formas básicas de monarquía y república153 y, además, según las diversas fases que pudiera tener cada una de ellas, ha dado pie a la aparición de diferentes escudos. Así, se conocen los modelos de 1843, 1868, 1871, 1908, 1921, 1931, 1938, 1945, 1977 y, finalmente, el actual de 1981, junto con múltiples versiones que sólo constituyen variaciones artísticas de los anteriores o no tenían carácter oficial.154 152  Por ello, no debe ser calificado de ‘constitucional’, aunque se comprende qué se quiere decir cuando se emplea esta expresión. 153  La I República adoptó un escudo propio, ‘nacional’, de diferente composición que el ‘real pequeño’ de 1843 y lo situó, sin cambiarla, sobre la bandera nacional roja, amarilla y roja. 154  Manzano, Antonio: Las banderas del Ejército español a lo largo de la historia. Siglos XVI a XXI. Ed. Atenea, Madrid, 2017, p. 172-177. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2018, pp. 68-72. ISSN: 0482-5748


RHM_extra_II_2018_
To see the actual publication please follow the link above