Sucedió hace 100 años

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Sucedió hace 100 años (SELECCIÓN DE TEXTOS DE LA VIEJA REVISTA DEL ARMA) SUCEDIÓ HACE 100 AÑOS Memorial de Caballería, n.º 86 - Diciembre 2018 7 1918 El Memorial hace 100 años Sobre la práctica profesional Mi larga permanencia en filas, por pocos superada, mis aficiones a leer y escribir llevaron a mi ánimo el convencimiento, hoy arraigado, de que el oficial de Caballería, el que más veces ha de cruzar desde el campo de la estrategia al de la táctica, el que más situaciones imprevistas ha de resolver, pronto y bien, necesita tener la inteligencia muy entrenada para el constante ejercicio del sport de discurrir. El estudio, seguido del raciocinio, es gimnasia intelectual que el oficial de Caballería precisa realizar con abnegación y constancia grandes; no importa cuál sea la materia objeto del estudio, sin que esto quiera decir que deban abandonarse las profesionales; cualquiera que haga raciocinar sirve para el caso. Otro convencimiento que la experiencia me hizo adquirir es el de que, en asuntos militares, la teoría, el trabajo del gabinete de estudio, deben basarse en lo que la práctica enseñó; entre nosotros, las investigaciones teóricas, por muy lógicas y fundadas que sean, tienen poca aplicación; para los oficiales del Arma la teoría no debe ser otra cosa que un índice detallado de problemas a resolver en el campo, para luego teorizar sobre ellos. De ahí que nuestras prácticas profesionales deban ser constantes y variadísimas, atendiendo a la multiplicidad de servicios y misiones que en la guerra habremos de llenar. De ahí que el oficial de Caballería precise, más que ningún otro, ser práctico y teórico, no olvidando nunca la base, definición, o como quiera llamársele, según la que, el jefe u oficial de Caballería lo primero que necesita es, llevando detrás la fuerza que le corresponda mandar, ir, en cualquier caballo y en cualquier momento, a cualquier parte. Comandante Fernando Altolaguirre Garrido Acción táctica de las ametralladoras de Caballería La ametralladora cumple con la condición de ser múltiplo del fusil, economizando bocas de fuego manejadas por tiradores, por ser su capacidad hasta quince veces más que la de los sujetos que las sirven actuando con fusiles. La única acción de la ametralladora es el fuego, de lo que se deduce que son armas que debidamente asentadas y bien apuntadas han de regir grandes resultados. La situación táctica de las ametralladoras creemos debe ser delante y en los intervalos de regimientos o brigadas y a los flancos; aprovechando su acción hasta el momento del choque, las situadas en el frente, y durante él las de los flancos, para impedir movimientos envolventes a nuestras líneas o escalones de ataque. Grupos de ametralladoras deben formar con nuestros regimientos y brigadas; son preferibles reunidas cuando actúen concentrando su fuego; separadas disminuyen nuestra movilidad, condición que nos separa de las otras Armas. Las ametralladoras, unidas siempre a la Caballería, aumentarán en esta su acción de fuego, obedeciendo al principio táctico que establece que la sorpresa y movilidad son los factores importantes en la acción del fuego de la Caballería. Los cambios de posición se harán siempre que se pueda a caballo, debiendo procurar hacerlos con rapidez y desenfilada de las vistas, atravesando zonas no batidas si es posible, y si no, al galope largo, debiendo las nuevas posiciones ocuparse antes por los jinetes que sus ametralladoras. A todo trance, su retirada debe hacerse, aun en el mayor peligro, antes que la línea de tiradores que la protegerán con fuego rápido, hasta ver alejarse al galope el grupo, y nuevamente se establecerán o continuarán la retirada en escalones, pero siempre iniciará la marcha el grupo de ametralladoras, nunca han de quedar abandonadas. Un jinete. Segangan (Melilla)


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