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cultura mestizaje entre ambos mundos que salpican la exposición, en este primer bloque y a lo largo del recorrido. En el área temática siguiente, pensada para sumergir de lleno al visitante en el ambiente que vivieron los propios soldados de Baler, se aborda ya la visión de Filipinas que tenía la España de finales del siglo XIX. EXPOSICIÓN DE 1887 La gran protagonista en este punto es la Exposición General de Filipinas, que se celebró en el año 1887 en los Jardines del Buen Retiro de Madrid. El encuentro fue «fiel reflejo de la imagen colonial que se tenía en aquel momento del archipiélago asiático desde la Península», explica el comisario, quien recuerda que, por ejemplo, el palacio de Cristal del parque madrileño fue construido para esa ocasión. Víctor Balaguer, político filipino, retratado por el también tagalo J. Luna y Novicio. Rontomé subrayó la activa participación de los museos militares en el encuentro, al que aportaron numerosas piezas, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días y de las que la muestra ofrece ejemplos, como la maqueta del puente de hierro sobre el río Pasig a su paso por Manila. En sus diferentes pabellones, la cita madrileña abordó facetas de todo tipo sobre el territorio ultramarino: comercial, artesanal… pero suscitó un interés especial el punto de vista etnográfico, muy de moda en la sociedad decimonónica de final de centuria. Para ilustrar esa tendencia, la exposición incluye la maqueta de una casa nipa, típica del archipiélago, y una escenografía que representa el momento del descascarillado —«pilado»— del arroz, proceso previo para poder usarlo como alimento. Se trata de un conjunto cedido por el Museo Nacional de Antropología, creación de Bonifacio Arévalo, artista filipino que, al margen de su actividad creativa, fue tesorero de la asociación reformista La Liga Filipina, presidida por José Rizal. Personaje clave en el proceso de independencia, del que ya solo separan al visitante unos pasos. Antes de avanzar hasta él, a buen seguro, las miradas del público se habrán centrado en una vitrina con lo que parece una especie de chaleco flanqueado por una alabarda. Se trata de una prenda de distinción hecha a semejanza de las corazas que vestían los españoles llegados a aquellas tierras y que empleaban los líderes tribales. Las lanzas corresponden a las utilizadas por la guardia personal del capitán general de las islas (1880). MADRID, FILIPINAS Y EEUU Sobre las aspiraciones independentistas y las que solo demandaban mayor representación filipina en Madrid, el primer conflicto hispano tagalo (1896- 1898), así como la guerra entre españoles y estadounidenses (1898), la muestra reúne piezas de diversa naturaleza que, relacionadas con varios de sus protagonistas, apoyan su discurso expositivo. Por ejemplo, las posturas más radicales frente a los españoles —los «castilas », para ellos— están representadas por el movimiento Katipunan a través de uno de sus objetos característicos, un mandil (1898) de tradición masónica. Un retrato del general Fernando Primo de Rivera pone, entre otros fondos, rostro a los españoles, a través de una obra del pintor tagalo Juan Luna y Novicio, reconocido y premiado en Madrid por su trabajo. Un hermano suyo formó parte del ejército filipino que luchó contra la metrópoli. Homenaje en Madrid A lo largo de todo el año 2019, el Ejército de Tierra ha previsto organizar más de 50 actividades dedicadas a los héroes de Filipinas entre exposiciones, conferencias, conciertos, recreaciones históricas y otras propuestas, que van a tener lugar en un amplio abanico de localidades de la geografía española. Uno de esos puntos de encuentro con los hombres del batallón de cazadores expedicionarios nº 2 va a ser Madrid, donde se espera inaugurar el monumento a ellos dedicado —bajo estas líneas—, obra del escultor Salvador Amaya, con boceto del pintor Augusto Ferrer Dalmau, y que fue presentado el pasado febrero (RED nº 359). El descubrimiento de la escultura será el punto álgido de la conmemoración en España —también hay actos previstos en Filipinas—, que ya tiene en marcha, por ejemplo, la exposición recogida en estas páginas. Además, hay muestras homenaje abiertas al público en los museos histórico militares de Canarias (Fuerte Almeyda de Tenerife), hasta el 30 de junio y que completan dos conferencias; de Melilla, que también cerrará sus puertas el último día del mes, y de Mallorca (Castillo de San Carlos), que se prolongará hasta el 12 de enero del próximo año. Pasado el verano, tomarán el relevo otras instituciones, como el Museo Militar de Sevilla. Para seguir la programación un buen punto de referencia es la web del Ejército (www.ejercito. es), en concreto, su espacio del Instituto de Historia y Cultura Militar. Hélène Gicquel 62 Revista Española de Defensa Junio 2019


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