Page 103

Memorial_artilleria_175_1

mismo capitán distribuyó por las ventanas, por los balcones y por las tapias, en espera del enemigo. Al mismo tiempo, Daoiz colocó cuatro cañones cargados apuntando á dicha puerta, y todo estaba ya dispuesto cuando los de los balcones avisaron que se acercaba un batallón francés por el lado de la calle de Fuencarral. Daoiz mandó entonces que se guardara silencio, y, juntando su espada con la de Velar-de, se comprometieron los dos á morir antes que ver la esclavitud de la Patria; los demás oficiales les juraron obediencia, y, saliendo de las filas de los Voluntarios del Estado un teniente de Infantería, sacó también su espada y la juntó con las espadas de los artilleros. Este heroico teniente se llamaba D. Jacinto Ruiz. Los franceses, que habían llegado entretanto, daban golpes en la puerta para que se les abriera, y trataron de derribarla al ver que desde los balcones les contestaban á tiros. Sin perder un instante, dió Daoiz la voz de «fuego», y, uno tras otro, se dispararon los cuatro cañones, que, haciendo en la puerta cuatro agujeros, vomitaron una lluvia de ba-las. Los que estaban más cerca murieron deshechos; los que les seguían cayeron también; y los últimos se marcharon, corriendo por todas partes. La calle quedó libre de franceses. Fue un solo momento, que Daoiz y Velarde emplearon en abrir la puerta, medio deshe-cha, y en sacar fuera tres cañones, poniéndolos, uno mirando á la calle Ancha, otro á la de Fuencarral, y otro á la de enfrente del Parque. Un segundo batallón enemigo, asomando á lo lejos, empezó á hacer fuego con sus fu-siles, entablándose vivo tiroteo por uno y otro lado; una bala hirió en el brazo izquierdo al teniente Ruiz, y este intrépido oficial, mientras le vendaban la herida, dirigía á los artille-ros gritos de entusiasmo, animándoles para que siguieran la lucha, hasta que otra bala, que le atravesó el pecho, hizo callar su voz y caer rendido á aquel hombre tan valiente. Cayeron también entonces un cabo y cinco soldados de Artillería. Poco después, apareció por el lado de la calle Ancha una nueva columna francesa, que mandaba un coronel; avanzaba á paso largo, tocando los tambores y las cornetas, dando voces, y no haciendo caso del fuego que recibía; pero bien pronto se vió obligada á detener-se á fuerza de cañonazos, y la lucha se trabó entonces terrible, pues también el enemigo tenía cañones, que colocó en la calle Ancha. Entre los hombres peleaba Clara del Rey, al lado de su marido y de sus tres hijos, ayu-dando á los artilleros y no separándose de sus cañones; un casco de granada le destrozó la frente y la dejó sin vida. También murió allí Manuela Malasaña, muchacha de diez y siete años, á los pies de su padre, que siguió firme en su puesto hasta que le obligaron á retirarse, lo cual hizo cogiendo en brazos á. su hija muerta y llorando amargamente. Be-nita Pastrana, de la misma edad que Manuela, cayó mal herida al lado de su novio, así como Angela Fernández Fuentes, muriendo las dos pocos días después. También sucumbieron peleando el niño de once años J osé Amador Alvarez y la niña de doce Manuela Aramayona; eran chicos igual que vosotros, y la muerte los convirtió en grandes. La lucha seguía cada vez más sangrienta, cuando de pronto apareció por la calle de San Pedro, que ahora se llama del Dos de Mayo, un oficial con un pañuelo blanco en la mano, haciendo señas para que lo escucharan. Hubo un minuto de silencio por parte de los franceses y de los españoles; pero como lo que empezó á decir á Daoiz era indig-no de un buen español, no le dejaron acabar; un paisano dió fuego al cañón que casi tocaba á la columna francesa, cuyas primeras filas se deshicieron entre el humo del disparo; el combate se renovó más furioso que nunca, y, sobre un montón de soldados muertos, quedaron prisioneros de nosotros todos los que no pudieron huir, siendo uno de ellos el jefe que mandaba la fuerza. Otra vez era nuestra la victoria; pero los pocos que habían quedado para contarla eran nada más Daoiz y Velarde, cuatro compañeros suyos, diez artilleros de tropa y unos cuan-tos paisanos. Llegaron avisos de que se disponían á un nuevo y terrible ataque dos mil hombres con artillería y caballería, al mando de un general. Daoiz y Velarde se prepararon para 101


Memorial_artilleria_175_1
To see the actual publication please follow the link above