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MEMORIAL CABALLERIA 80

Doctrina, Táctica y Operaciones Aunque todo esto pudiera parecer un tanto superfluo, en mi opinión puede resultar fundamental a la hora de confeccionar las estructuras orgánicas del Arma ya que constituye la base para analizar las capacidades que estas necesitan para cumplir con eficacia sus cometidos. En este sentido, me parece oportuno someter a reflexión si unas unidades que actúan destacadas y que habitualmente deben «resolver» la situación en solitario hasta que puedan recibir refuerzos (si es que eso fuera posible), deben tener la misma estructura orgánica y medios similares que otras cuya actuación se realice en el marco y al amparo de una unidad superior. Mi opinión es que no. Yo creo que, tanto la estructura orgánica como los medios de una unidad, deberían adecuarse a los requerimientos operativos para cumplir su misión. A modo de ejemplo, las unidades de caballería tienen una mayor necesidad para elaborar la información y para organizar y coordinar el apoyo logístico8, por lo que me parecería oportuno reforzar los dispositivos con que cuenten para gestionar ambos aspectos, que en estos casos son respectivamente la 2ª y 4ª secciones de su PLMM. Pero no quiero ahondar más en este asunto; prefiero dejárselo a los que trabajan habitualmente en las correspondientes áreas de la preparación. CONCLUSIÓN: considero que se deberían eliminar los términos reconocimiento y seguridad de la definición de Caballería, preservando el de contacto. En paralelo a estos argumentos, hay algo del contenido de nuestra Doctrina que está relacionado también con el término «reconocimiento» y que tampoco acabo de comprender muy bien. Se trata de las «unidades de reconocimiento» las cuales se encuentran incluidas dentro de la organización establecida para las fuerzas terrestres. En la clasificación operativa9 que en aquella se hace de las unidades, concretamente en las de combate, encuadra las acorazadas, mecanizadas, ligeras, reconocimiento, helicópteros de ataque y operaciones especiales. En principio, aparentemente esta clasificación parecía basarse en el tipo de plataformas de combate con que están equipadas y las capacidades que estas aportan o bien, el carácter especial que le proporciona la naturaleza, técnicas, procedimientos y características del objetivo (como es el caso de las unidades de operaciones especiales). Pero, sorprendentemente, se incluyen las unidades de reconocimiento cuya razón de ser se sustenta claramente en un cometido concreto. Aplicando el mismo criterio de forma rigurosa, se deberían incluir en esta clasificación: unidades de seguridad, de enlace, de apertura de brechas, de retirada, de marchas, etc. Por otra parte, en conexión con la definición de Caballería, se podría deducir que las unidades de reconocimiento son, «por excelencia» las de Caballería y, además, casi en exclusividad. Como ya manifestaba anteriormente este planteamiento no parece razonable. Por último, en relación con todo lo anterior y por los mismos motivos ya expuestos, me resulta muy poco acertado poner el apellido «de reconocimiento» a ciertas estructuras orgánicas de nuestra Arma, (escuadrones, grupos e, incluso, un regimiento); no deja de ser una forma de dar cabida a interpretaciones desacertadas. ¿Cómo actúa la Caballería? Reflexiones sobre su maniobra Dentro del campo doctrinal, la maniobra parece seguir siendo un motivo de debate debido a que, tradicionalmente, la Caballería era el Arma de la maniobra y ahora, desde la aparición de las funciones de combate, aparentemente ha perdido ese rasgo que la identificaba a favor de nuestra 8  Que en sí mismo resultará muy complicado. 9  Véase el capítulo 4 de nuestra Doctrina en vigor. 54 Memorial de Caballería, n.º 80 - Diciembre 2015


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