PRIMERA GUERRA MUNDIAL ¿EL FIN DE LA CABALLERÍA? - Carlos Manuel Mendoza Pérez teniente coronel de Caballería

MEMORIAL CABALLERIA 80

Historia y Patrimonio HISTORIA PRIMERA GUERRA MUNDIAL ¿EL FIN DE LA CABALLERÍA? 68 Memorial de Caballería, n.º 80 - Diciembre 2015 Carlos Manuel Mendoza Pérez teniente coronel de Caballería SABLES CONTRA AMETRALLADORAS A finales del siglo XIX e inicio del XX el arma montada era sin duda la más prestigiosa y popular de los ejércitos. La elegancia y vistosidad de sus uniformes, su tradicional arrojo en el campo de batalla, el romanticismo de las cargas, el porte del jinete a caballo en fin, representaban para el público en general la esencia misma de la condición militar. El estallido de la Primera Guerra Mundial haría cambiar para muchos esta percepción en sentido diametralmente opuesto. Los ejércitos europeos iniciaron la guerra armados con una panoplia de conceptos tácticos completamente anticuados. En los años anteriores la capacidad mortífera y el alcance de las armas de fuego se habían multiplicado exponencialmente. La ametralladora supuso un paso decisivo en ese camino. Una sola de estas máquinas en el lado opuesto convertía las cargas de caballería con arma blanca, como los asaltos a la bayoneta de las columnas de infantería, en una operación suicida. Las medidas defensivas generalizadas desde el inicio de la guerra de posiciones (alambradas, trincheras) se convirtieron en un obstáculo prácticamente insalvable para los caballos. ¿Había llegado la hora final para la Caballería? ¿Debía desaparecer del campo de batalla? Ciertamente la carga de caballería había sido siempre una operación delicada que rara vez tenía éxito cuando el enemigo la esperaba con el despliegue y moral adecuados. En guerras precedentes dos cargas habían entrado en la historia por las cuantiosas pérdidas entre la caballería atacante. La más conocida, Balaclava en la guerra de Crimea, se saldó con un sonoro fracaso que llenó páginas en la prensa británica de la época. La carga de la Brigada Von Bredow en Mars La Tour (1870) resultó decisiva para cerrar el cerco al ejército francés en Metz, pero a costa de tales pérdidas que sería conocida en la posteridad como la carga de la muerte. En la guerra civil americana ambos bandos hicieron un uso extensivo de la caballería, pero fueron muy raras las cargas contra unidades de infantería en posición. El peculiar carácter de las guerras carlistas, que hoy calificaríamos de híbridas, permitió mantener un protagonismo de la caballería, incluyendo brillantes episodios como el de Treviño. En campañas coloniales y contra fuerzas irregulares la carga todavía era posible, pero ante los ejércitos europeos, masivos y fuertemente armados, ya no podía considerarse un procedimiento táctico normalizado y quedaba relegado a una acción que solo podría tener éxito en condiciones muy particulares e infrecuentes. Sin embargo la carga había sido el modo de acción preferido, intrínseco, de la caballería. Sin él ya no era posible su supervivencia ¿o quizás sí? CABALLERÍA Y MANIOBRA El problema al que se enfrentaban los generales en el frente occidental no era la desaparición de la caballería sino de la maniobra. La guerra había quedado reducida a una mutua operación de asedio desde el Canal de la Mancha hasta Suiza. En el frente ruso y oriente medio todavía era posible la maniobra y… aún era esencial la caballería. En Palestina el empleo de una gran masa de caballería fue decisivo para la victoria del general británico Allemby frente a los Turcos. La historia militar tuvo la oportunidad de registrar cargas épicas como la de los australianos en Beersheba o, a lomos de camello, la de Lawrence en Aqaba, ambas inmortalizadas por el cine. De hecho, el caballo siguió siendo el medio de transporte táctico por excelencia. Sólo en el bando aliado, seis millones de equinos aseguraron el movimiento de la artillería, las armas pesadas y la logística de las unidades de primera línea. El automóvil era todavía demasiado frágil para seguir a las tropas en todo terreno. El ferrocarril tenía un papel determinante en el nivel estratégico y operacional pero no podía seguir a las tropas enfrascadas en el combate. Si se quería maniobrar,


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