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REVISTA DE HISTORIA MILITAR EXTRA I 2015

128 JUAN MARÍA SILVELA MILÁNS DEL BOSCH músico y que de aquí y del cuaderno de 1761, las partituras podrían haber sido copiadas para el presbítero, la argumentación de la musicóloga para afirmar que la actuación de Espinosa estaría más próxima a la de armoni-zador o concertador, que a la de creador, no me acaba de convencer; y sus disquisiciones sobre la significación de la palabra compuesto atribuida a Espinosa en el Libro manuscrito de 1761 tampoco. Cómo se compuso la Marcha de Granaderos De todas formas, parece evidente que Espinosa se inspiró en composi-ciones anteriores. Según García Valdecasas, el comienzo de la Glosa sobre la Pavana Real del vihuelista Enríquez Valderrábano, compuesta en 1547, coincide nota a nota, acorde con acorde o punto contra punto con el tema de la Marcha de Granaderos. Es una sucesión de 18 “cordes” con sus notas de paso y no le parecía posible atribuir al azar tan exacta correspondencia. La Pavana Real, de la que ignoramos su autor, debió ser encargada por Gon-zalo de Ayora, capitán de la guardia personal de Fernando el Católico, con el fin de acompañar a los reyes y desfilar con un andar rítmico, acompasado y envarado, el llamado paso del pavo, que dio nombre a este tipo de músi-ca; hubo que organizar este cuerpo a raíz del atentado sufrido por el rey en Barcelona (1503). La Pavana debió gustar y hacerse muy conocida en este siglo, pues va-rios autores se inspiraron en ella, como el maestro Jiménez para su compo-sición batalla. Incluso en el XVIII, el organista Juan Moreno la empleó para su minuetto. Imagen reproducida de un artículo de José Guillermo García Valdecasas titulado: La Marcha Real, en un aire español renacentista (ABC del 02/01/1976 -página 11-)


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