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A los 25 años, tras un año residiendo en Francia, decidí volver a España e ingresar en Armada. Siempre me han preguntado qué hago aquí siendo de «secano», y la respuesta es siempre la misma: «En la Mancha no hay mar, y tenía ganas de saber si realmente era azul y mojaba». Aunque la realidad es que Armada me ofrecía lo que yo buscaba: pertenecer al Ejército, un desarrollo profesional y sobre todo, viajar. P.—¿Cómo recuerda su paso por las Escuelas de la Armada? R.—No puedo afirmar que las recuerde con cariño, pero tampoco fueron malas experiencias. Cuando ingresé como Marinero estuve en la Escuela de Especialidades «Antonio de Escaño» en Ferrol. La primera vez que tomas contacto con la vida militar es un choque. No tiene nada que ver con lo que has vivido hasta el momento, y menos si ya has recorrido mundo, como era mi caso. Estudiar no me suponía ningún problema, al fin y al cabo, venía de la Universidad, ya estaba acostumbrada. Pero los horarios estrictos, el deporte y la instrucción militar, no fueron platos de buen gusto durante las primeras semanas. Después del primer mes, cuando entiendes dónde estás y por qué se hacen las cosas, empiezas a ver la Escuela de otra manera e intentas sacar el máximo provecho. En mi caso, descubrí que me gustaba la Armada más de lo que yo creía, puesto que al principio estaba escéptica respecto a que fuera mi lugar. No me equivoqué en mi decisión. La siguiente escuela que pisé fue la ESUBO (Escuela de Suboficiales de la Armada, en San Fernando), para realizar el «curso tres», es decir, para ser Suboficial. Fue el primer año de dos y también resultó un fuerte contraste respecto a la vida que estaba llevando en Marina. Evidentemente mucho más intenso que el curso de Marinero y con unas exigencias mayores. Tanto ese como el año de especialidad en la «Escaño » fueron duros y difíciles, pero mirando ahora en perspectiva, totalmente necesarios. P.—¿Cuál es su opinión sobre la formación recibida en la Armada; es adecuada a lo que se le demanda al personal en función del trabajo que debe desempeñar? R.—En general creo que es una formación adecuada, aunque hay aspectos que pulir. Principalmente el práctico. Entiendo que no nos encontramos en el mejor momento para poder contar con clases prácticas, ya que exigen un gran esfuerzo económico y de personal, pero es el punto débil que encuentro en nuestra formación. En el caso de marineros no lo es tan acusado, ya que su formación real se realiza en los buques, y más ahora con las nuevas especialidades. Pero en el caso de cursos superiores, y en particular en el curso de Suboficiales, se adolece la falta de práctica. Actualmente el sistema educativo de la Armada está cambiando. Este año tendremos los primeros Suboficiales de este nuevo plan de estudios, con especialidades ligeramente diferentes a las actuales, y habrá que esperar a ver cómo se desenvuelven en el destino y si el enfoque dado es el adecuado. Particularmente eché de menos tener un poco más de experiencia, operar con equipos y «destripar» alguno que otro, a nivel de especialidad. Porque a ser mando te puede enseñar sólo la práctica del día a día, con tus propios aciertos y tus propios fallos. La utilidad de lo que nos enseñan en la Escuela (liderazgo, habilidades sociales, etc.) es indiscutible, pero cada persona es única, y la forma de guiar a nuestros subordinados, muy particular. Ahí sólo podemos apoyarnos en nuestros compañeros y superiores, aprender de su experiencia y encontrar nuestro camino. P.—¿Cuáles han sido los destinos por los que ha ido pasando desde su ingreso y cuál de ellos le ha aportado más profesional y personalmente hablando? R.—Mi primer destino en la Armada fue el portaaviones Príncipe de Asturias, recientemente dado de baja. Este hecho me ha causado algo de pena, ya que por ser mi primer destino, tiene un lugar especial. Además, fue donde conocí a mi marido, así que tiene aún más importancia para mí. Durante mis años allí tuve la suerte de estar en el que considero uno de los mejores destinos de este Ejército: el CTA (Control de Tráfico Aéreo). Me descubrió un mundo que me resultó apasionante y donde aprendí mucho. Mis conocimientos en inglés y francés me ayudaron a desempeñar un buen trabajo y mis 62 BIP Sgto. (ERS) Carmen Ciudad Camacho.


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