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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS Y DE DISCIPLINA EN LAS… 139 Pasan así los meses de otoño e invierno sin que se resuelva el tema financie-ro. Y sin dinero no hay guerra, o al menos, posibilidades de vencer. Por ello tanto Carlos como Felipe mueven la maquinaria diplomática para encontrar algún tipo de salida negociada al encallamiento institucional entre los Es-tados generales y la Monarquía, con miras a la obtención de más recursos financieros de las provincias. Pero la realidad era más sombría que los pla-nes del rey Felipe: las fuentes financieras privadas eran cada vez menos pero más gravosas y tanto Flandes como Italia y Castilla estaban agotadas –bien al igual que Francia, y de hecho una de las razones por las que aquel 1555 apenas registró actividad militar–; por todo ello, tal y como afirma Parker, “en febrero de 1556, al carecer de dinero suficiente para continuar con la lu-cha, Carlos y Felipe se tragaron su orgullo y firmaron la Tregua de Vaucelles con Enrique II de Francia.”38 Tras alcanzar la paz en 1556 los quebraderos de cabeza de Manuel Fi-liberto como gobernador general de los Países Bajos no concluyeron; si los combates habían cesado, las tropas y las deudas seguían creciendo y Manuel Filiberto también tenía que lidiar, ahora como gobernador-político, frente a las oligarquías nobiliarias y burguesas flamencas; en el plano militar, no solo debía garantizar la seguridad de las Provincias sino también encontrar los recursos financieros necesarios para tal fin: era una misión de Titanes, puesto que las deudas de guerra del trienio 1552-5439 ascendían a más de seis millones de florines, cifra que Felipe II debía tanto a los particulares como a las tropas40. Es por ello que durante los siguientes meses se iniciaron conversaciones con todas las provincias de los Estados Bajos para lograr que otorgaran subsidios al rey que le permitieran devolver los préstamos; pero los meses avanzaban y no se llegaba a ningún acuerdo, por lo que ante lo acuciante del momento, Felipe II autorizó a su gobernador a vender tie-rras reales a los señores flamencos por importe de 800.000 escudos, que era el importe necesario para afrontar los gastos más perentorios del ejército41; simultáneamente el monarca envió a su hombre de confianza, el portugués Rui Gomes da Silva42 a España, con grandes poderes para negociar financia- 38  PARKER, Geoffrey: op.cit., p. 137. 39  Cuando en 1556 Felipe accedió al trono tras la renuncia de su padre, sus finanzas acumulaban una deuda de 36 millones de ducados en el conjunto de todos sus estados como consecuencia de los enormes gastos incurridos en la financiación de la guerra en Flandes e Italia; peor aún, todos los ingresos de la Hacienda castellana estaban comprometidos. 40  Diari, p. 20. 41  MERLIN, Pierpaolo: op.cit., p. 100. 42  El portugués Rui Gomes da Silva era amigo de la infancia de Felipe II; diez años mayor que él, había sido su paje tras la muerte de la Emperatriz y madre de Felipe, Isabel de Portugal. Por su gran ascendencia sobre el rey Felipe se le llamaba maliciosamente “Rey Gómez”; fre-cuentemente Gomes da Silva tenía opiniones diferentes a las de Fernando Álvarez de Toledo, Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 139-166. ISSN: 0482-5748


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