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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS Y DE DISCIPLINA EN LAS… 157 Los comisarios de Manuel Filiberto le exponen que tras haber repartido entre las tropas algo de dinero confían en que se calmen los ánimos y vuelvan todos a la obediencia. Finalmente el 23 de julio se conoce la noticia que las tropas de von Pamelberg y von Schwendi deponen su motín tras el compromiso firme de Manuel Filiberto de pagarles el resto de lo adeudado; el príncipe saboyano confía en que el rey le envíe el resto del dinero, cosa que finalmente ocurre al cabo de unas semanas. Ese mismo 23 el general anota que necesitan urgentemente dinero y que se tendrá que recurrir a una ayuda extraordinaria de los Estados Generales, o bien aumentar el impuesto de la sal o introducir un impuesto del centésimo64. A pesar de esta relativa calma los problemas de motines no acaban: el 28 de julio el duque escribe que los españoles que están en Luxemburgo se han amotinado reclamando sus pagas; ese mismo día el contador mayor del ejército comunica a Manuel Filiberto que se ha enviado dinero para pagar a las tro-pas españolas acantonadas en Namur, aún amotinadas –junto con el dinero iba también un comisario para tomar “muestra” de las tropas acantonadas y pagar con exactitud a los soldados presentes y en estado de revista–. Al día siguiente Manuel Filiberto se se reúne con los coroneles jefe de los regimientos alemanes para tratar de los desórdenes habidos en los campamentos y alojamientos. El día 31 de julio el duque escribe desesperado que “todos los regi-mientos reclaman soldadas”: es una advertencia ante la probable rebelión general de todo el ejército si no se consiguen recursos para calmar almenos un par de meses de soldadas atrasadas. Incluso entre los soldados españoles va creciendo el descontento: los ejemplos de Namur y Luxemburgo son buena prueba de ello; el 2 de agosto los españoles de Luxemburgo reclaman de nuevo sus soldadas y quieren re-cibir garantías por parte del marqués de Aguilar, Luis Fernandez Manrique, de quien sí se fían. Ante la insistencia de los amotinados en su reclamación de sueldos y en la presencia del marqués, el 4 de agosto Manuel Filiberto envía a Julián Romero para que “vea desamotinallos y mate al electo65 y sargento mayor”. Sin embargo no se llega a tal extremo y el 12 de agosto los amotinados españoles deponen su actitud gracias a las gestiones del mar-qués Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 157-166. ISSN: 0482-5748 de Aguilar. 64  Al respecto de la introducción del impuesto personal del Décimo ver: GRAPPERHAUS, Ferdinand H.M.: “El décimo de Alba en los Países Bajos: un fracaso de importantes conse-cuencias” en Banca, crédito y capital, op. cit., pp. 105-180. 65  El “electo” era el representante de los soldados amotinados, “elegido” por ellos en una asam-blea; de él se esperaba que negociase con los representantes oficiales del Rey para conseguir rescabalar las pretensiones económicas y de servicio de la tropa. El electo debía responder ante la asamblea y ante el Consejo del Motín, junta reducida de dirigentes de la revuelta que regían los asuntos del contingente rebelado. La intención de Manuel Filiberto es clara: sofo-car la revuelta ejecutando a sus principales dirigentes.


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