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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

158 ALBERTO RAÚL ESTEBAN RIBAS El 16 de agosto el general sabaudo se vuelve a reunir con los corone-les alemanes para hablar sobre tumultos. El secretario Eraso vuelve con la respuesta de Felipe II que enviará dinero para pagar a todas las tropas, hacia el 20, para hacer muestra general a finales de agosto o principios de septiem-bre, y con la promesa que entonces se tendrá dinero y la respuesta real. El 25 de agosto hay otra reunión con los oficiales alemanes por los tumultos sobre el reparto de vituallas; los tumultos continúan hasta el día 30, en que finalmente remiten. Los siguientes meses, coincidiendo con la finalización de los com-bates y las negociaciones de paz, Manuel Filiberto no registra en su Diario nuevos episodios de motines, aunque ciertamente se produjeron algunas si-tuaciones tensas relacionadas especialmente por la escasez de alimento y la dificultad de vivir sobre el terreno enemigo una vez que se había declarado una tregua. 3.2.2.- Saqueos A parte de la remuneración estipulada de las pagas, los soldados complementaban su sueldo con el fruto del saqueo y pillaje de las ciudades y personas, pero a lo largo del camino hacia el frente, frecuentemente la soldadesca podía dedicarse a robar en las aldeas y caseríos que encontra-ban, incluso en terriorio amigo. No era menos cierto que alojar los soldados propios era una pesada carga que los lugareños y sus autoridades deseaban evitar a toda costa, y en muchas ocasiones los burgos solicitaban quedar exonerados de estas obligaciones –pagando una fuerte compensación o so-licitando esa merced al soberano tras haber realizado un importante servicio a la Corona–, prueba de que la presencia próxima de aquellos aguerridos soldados no era en exceso bienvenida... Con todo, el climax del pillaje acontecía tras la toma de una ciudad66: incluso el insigne humanista y teólogo Francisco de Vitoria afirmaba la legi-timidad del pillaje en las guerras justas67. Existía la regla no escrita que una poblacion podía esperar clemencia mientras el enemigo no hubiese instalado baterías; sin embargo, aquella petición de rendición provocaría ciertamente el rechazo de las autoridades propias, que una vez la guarnición estuviese en territorio amigo, no dudarían en exigir las más altas responsabilidades por 66  Sobre el tema de los saqueos: CHARLES, Jean Leon: “El saqueo de las ciudades en los Países Bajos en el siglo XVI”, en Revista de Historia Militar, número 35, 1973, pp. 7-19. 67  En su libro De iure belli Francisco de Vitoria analizaba los límites del uso de la fuerza en las guerras, estableciendo que no era lícita la guerra simplemente por afanes expansionistas e incluso por diferencias religiosas: a su parecer, la única causa justa era la respuesta a una agresión o una injuria. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 158-166. ISSN: 0482-5748


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