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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

EL PERÚ Y LA GUERRA CONTRA LA CONVECCIÓN (1793-1795) 175 tas” que componían la sociedad colonial haría impracticable la unión de sus fuerzas, el virrey llegaría a la conclusión tranquilizadora de que “los 380.000 españoles y mestizos, con otros 80.000 de las castas libres, superan con indeci-ble ventaja a los 608.000 indios que habitan nuestras provincias, según el último censo de este reino”21. En conclusión, en el peor de los supuestos, las autorida-des españolas estaban convencidas de que en caso de una sublevación interna, ésta se resolvería jugando a dividir y conquistar, lo que con toda probabilidad se hubiera logrado tres décadas más tarde si la independencia del Perú no hubiera sido provocada desde el exterior por San Martín y Bolívar22. Sea de ello lo que fuere, la mejor prueba de que España se sentía segura en la posesión del Perú la constituye, sin lugar a dudas, el escaso número de tropas regulares que mantenía en dicho territorio. Resulta sig-nificativo que la guarnición del ejército regular en todo el virreinato del Perú ascendiera, en agosto de 1790, a 1.532 hombres del Regimiento Real (o Fijo) de Lima, a los que se sumaban la guarnición de Chiloé compuesta por 154 tropas de infantería y 77 dragones, y dos pequeños destacamentos de caballería de 25 y 36 hombres respectivamente, destinados en Tarma y Cuzco23. A éstos se añadían las valetudinarias Guardias de Alabarderos (ve-nerable unidad creada en 1551) y a Caballo del virrey (creada en 1557): 59 hombres de dudosa operatividad24. En total ello suponía 1.883 militares 21  GIL y LEMOS, Francisco y UNANUE, Hipólito: op.cit., pág. 264. 22  Para un reciente resumen sobre el debate en torno a la independencia “concedida” del Perú, véase ROSAS LAURO, Claudia: Del trono a la guillotina. El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808), Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2006, págs. 45-46. 23  AGI, Lima, 691. Informe del marqués de Avilés anejo al despacho no 135 de Francisco Gil y Lemos a Antonio Valdés, Lima, 5 de agosto de 1790. GIL y LEMOS, Francisco y UNANUE, Hipólito: op.cit., pág. 269. El Regimiento Fijo de Lima estaba compuesto de tres batallones, de los cuales dos estaban de guarnición en Lima y uno en Cuzco. Había además pequeños destacamentos en El Callao y Arequipa. 24  AGI, Lima, 704. Informe del marqués de Avilés, Lima, 1 de agosto de 1792, anejo al despa-cho no 226 de Francisco Gil y Lemos al conde del Campo de Alange, Lima, 5 de agosto de 1792. AGI, Lima, 691. Despacho no 12 de Francisco Gil y Lemos a Antonio Valdés, Lima, 30 de abril de 1790. El virrey Gil y Lemos escribiría de la Guardia a Caballo, que hasta la reforma de 1784 llevada a cabo por el virrey Teodoro de Croix, quien redujo drásticamente su plantilla, se había encargado asimismo de mantener el orden público en la capital virreinal: “Los referidos desórdenes se evitaban anteriormente por medio de las patrullas que salían de la Guardia de Caballería de este real palacio, hasta su reforma, desde cuyo tiempo no han po-dido volverlo a ejecutar, por su corto número, y por ser los pocos que han quedado unos vale-tudinarios, cargados de años y de enfermedades, como que en la reforma, se mandó quedasen los más imposibilitados de buscar el sustento fuera del servicio. Los que han fallecido se han remplazado con los más necesitados de los que se excluyeron, y así viene a componerse en día dicha guardia de unos individuos que raro es el que no pasa de sesenta años y los más llegan a ochenta. Esto manifiesta el servicio que podrá hacer dicha tropa”. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 175-200. ISSN: 0482-5748


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