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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

EL PERÚ Y LA GUERRA CONTRA LA CONVECCIÓN (1793-1795) 181 narios, e incapaces de servir con utilidad”40. El virrey también ordenaba en el plan que se reuniesen en Lima todas las tropas del Regimiento Real de Lima, retirando los destacamentos de Cuzco y Arequipa, para así concentrar sus fuerzas en la capital en caso de una tentativa de invasión41. Para permitir una mayor movilidad de dichas tropas, se autorizó finalmente la adquisición de un tren de campaña para dos mil hombres, tras constatar que en los al-macenes militares del virreinato sólo se contaba con 28 tiendas de campaña. Lo más interesante de todo un ejercicio que, como bien sabía el pro-pio virrey, se dirigía ante todo a garantizar la tranquilidad de los peruanos y a asegurar que se sintieran partícipes del esfuerzo bélico colectivo de la Monarquía, es la medida en la que, sin aumentar significativamente los gas-tos, éste logró mejorar la operatividad de las fuerzas a sus órdenes. En este sentido es fiel reflejo del talento administrativo de Gil y Lemos que, con los escasos recursos a su disposición y teniendo en cuenta el estado en el que encontró la milicia a su llegada al virreinato, lograse presidir maniobras de una cierta envergadura: “Mandé aprontar el tren de campaña respectivo, fabricándose 369 tiendas, y para que las tropas me diesen una positiva prueba de su pericia, cual se requiere para un verdadero ataque y defensa, hice for-mar un campamento de infantería, caballería y dragones, que llegaba a 3.000 hombres. Estas tropas hicieron perfectamente las maniobras que permitió el terreno, con la artillería colocada según la formación; y presentándose un cuerpo atrincherado para ser atacado por otro, quedé satisfecho de la destreza con que se ejecutaron estas militares operaciones”42. A este “cuerpo volante” con base en Lima y acostumbrado, según el propio virrey, a sostener con vigor y destreza diversas acciones, se sumaban los cuerpos de milicias destacados en el resto del virreinato, que en sus pa-labras se habían “mantenido en continuas evoluciones … para si llegase la acción de ejecutarse en realidad”43. Tal vez para un lector contemporáneo 40  AGI, Lima, 706. Despacho no 123 de Francisco Gil y Lemos a Diego de Gardoqui, Lima, 23 de septiembre de 1793. 41  CAMPBELL, Leon G. 1978: op.cit., pág. 212. 42  GIL y LEMOS, Francisco y UNANUE, Hipólito: op.cit., págs. 272-273. 43  Ibídem, pág. 302. Como anécdota curiosa, cabe señalar que en su Relación de gobierno, en la página 245, Gil y Lemos deja constancia de que el gerente de la Casa de Gallos de Lima pidió mejoras en la contrata como compensación por el hecho de que “los ejercicios militares estatuidos a causa de la presente guerra, disminuían el concurso en los días festivos, que eran los principales de la diversión”. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 181-200. ISSN: 0482-5748


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