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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

186 IAGO GIL AGUADO parajes más aislados como Chiloé54, Valdivia55 o Juan Fernández56, que de-pendían directamente de Lima, como en el centro mismo del virreinato. En los primeros, según explicaría el virrey al capitán general de Chile, Ambro-sio O’Higgins, “lo que no se pierde por desidia, lo arruina la intemperie, y cuando llega el caso no se halla nada con qué hacer frente al enemigo, con la diferencia que él empieza a gastar cuando nos ataca, y nosotros nos hemos arruinado antes de empezar a resistirlo”57. Esta opinión no debe extrañar en quien había sido de 1774 a 1777 gobernador de las Islas Malvinas y por lo tanto conocía bien lo difícil que resultaba mantener el orden y la disciplina en presidios lejanos y aislados58. En cuanto a las defensas de los puertos de la costa, el virrey compartía la opinión expresada cuarenta años antes por los brillantes marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes hablando del puerto de El Callao habían señalado su escasa relevancia militar a la hora 54  Sobre las defensas de Chiloé, consúltense las obras de O’DONNELL y DUQUE DE ES-TRADA, Hugo: España en el descubrimiento, conquista y defensa del Mar del Sur, Editorial Mapfre, Madrid, 1992 y El viaje a Chiloé de Moraleda (1787-1790), Editorial Naval, Madrid, 1990, que tratan ampliamente la cuestión. Como bien recuerda este historiador naval en la pá-gina 258 del primero de los dos libros: “Hasta 1826 se mantendría en Chiloé el pabellón espa-ñol que desde seis años antes había resistido los continuos ataques de los patriotas chilenos”. 55  AGI, Lima, 691. Carta de Francisco Gil y Lemos a Ambrosio O’Higgins, Lima, 28 de agosto de 1790, aneja al despacho no 151 de Francisco Gil y Lemos a Antonio Valdés, Lima, 4 de septiembre de 1790. La cuestión de la defensa de Valdivia la trata detenidamente Gil y Lemos en su correspondencia con O’Higgins. 56  AGI, Lima, 692. Despacho no 10 de Francisco Gil y Lemos al conde del Campo de Alange, Lima, 29 de octubre de 1790. Para Gil y Lemos la isla de Juan Fernández era un puesto de posesión, no de defensa, y resultaba inútil fortificarla. El virrey describía así la isla: “Por Real Orden de 7 de mayo del año de 49 ordenó S.M. temiendo el que los ingleses se amparasen de ella, se poblara y fortificara del modo posible, lo que se ejecutó inmediatamente enviando un gobernador, una compañía de infantería, y 18 cañones del calibre de a 16 al de a 6, ciento setenta y una personas de todos sexos y edades y 22 desterrados. El pequeño establecimiento que estos hicieron lo destruyó el temblor del año de 51, los pobladores se fueron aniquilando y la posesión se ha conservado hasta ahora con los delincuentes que por castigo se envían a este paraje, y 50 hombres de tropa veterana destinados más bien a la sujeción de ellos que a la defensa de la isla … La población actual consiste en 25, u 30 chozas de paja, en donde habi-tan además del gobernador, oficiales, y cinco o seis familias infelices del continente, ochenta o cien presidarios a quienes, como a todos los demás, mantiene el Rey, sin que hasta ahora se haya conseguido mayor fomento a pesar de esta gracia. Los víveres y demás necesario a su existencia para la conservación de la vida ha sido preciso enviarlos desde Chile, y esa misma necesidad subsiste en el día de modo que la menor tentativa que el enemigo haga contra un establecimiento semejante parece imposible pueda resistirse, particularmente cuando los for-zados que componen el mayor número son otros tantos enemigos”. 57  AGI, Lima, 691. Carta de Francisco Gil y Lemos a Ambrosio O’Higgins, Lima, 28 de agosto de 1790, aneja al despacho no 151 de Francisco Gil y Lemos a Antonio Valdés, Lima, 4 de septiembre de 1790. 58  GIL AGUADO, Iago: “Francisco Gil y Lemos, gobernador de las Islas Malvinas (1774- 1777)”, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV. Historia Moderna, nº 25, 2012. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 186-200. ISSN: 0482-5748


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