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188 IAGO GIL AGUADO se bajo otro pie más económico, y sencillo, y en ese caso los gastos serán mucho menores, y la suma de más de un millón, y doscientos mil pesos a que aquí asciende anualmente sin contar los extraordina-rios, podrá disminuirse”62. La realidad es que el gasto anual en fortificaciones en el Perú en 1790 duplicaba los gastos en las unidades del Ejército y de la Armada allí destina-das, con lo cual el potencial de ahorro era inmenso en ese rubro considerado de escasa utilidad para la defensa del virreinato. 4. La retaguardia: una guerra ideológica Si desde una perspectiva puramente militar las precauciones tomadas por las autoridades virreinales reflejan una concepción moderna del arte de la guerra, no lo hacen menos las medidas tomadas para asegurar la retaguar-dia. Desde luego, no es de extrañar que las clases dominantes, enfrentadas al virtual exterminio de sus pares en Francia, se mostraran hostiles hacia la ideología que sustentaba la Revolución francesa y que había provocado, en palabras del propio virrey Gil y Lemos, “los espantosos sucesos de la nación francesa, que traen en agitación a toda la tierra”63. Por ello no sorprende la movilización generalizada contra lo que éste definía como “las perjudiciales máximas que bajo el oscuro velo de la libertad ha suscitado la Francia”, que según el virrey hicieron “preciso e indispensable tomar cuantos medios y arbitrios se consideren conducentes a impedirlo y evitar en tiempo unos males tan enormes”64. A este fin se recurrió en el Perú a métodos tan diver-sos como el fortalecimiento de la censura, la creación de una policía secreta y la expulsión de algunos súbditos franceses, con el fin de evitar cualquier tipo de contagio ideológico. Al lado de estas medidas de índole netamente defensiva, las autoridades desplegaron un intenso esfuerzo propagandístico para sostener la moral de la población local. Una de las primeras medidas tomadas por las autoridades, y que indu-dablemente era de las más tradicionales en este ámbito, consistió en la mo- 62  AGI, Lima, 692. Despacho no 19 de Francisco Gil y Lemos al conde de Lerena, Lima, 18 de noviembre de 1790. 63  GIL y LEMOS, Francisco y UNANUE, Hipólito: op.cit., pág. 85. No nos debe sorprender esta forma de expresarse. En la página 261 de su Relación de gobierno se manifestaría en los siguientes términos: “Yo he tenido en mi mano las riendas de este Gobierno del Perú en la época más calamitosa del Orbe”. 64  ROSAS LAURO, Claudia: op.cit., pág. 194. Citando un decreto de Francisco Gil y Lemos, Lima, 19 de mayo de 1794. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 188-200. ISSN: 0482-5748


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