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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

204 JOSÉ MANUEL GUERRERO ACOSTA compartir al cincuenta por ciento el apoyo económico al Congreso de Fila-delfia. Dinero y suministros comenzaron a afluir desde España siguiendo vías indirectas y desde Nueva Orleans por el Misisipí. La Corona designó como enviado especial a Francisco Miralles ante el general Washington. Miralles fue un personaje clave en la organización de la ayuda al Ejército Revolucionario estableciendo una fuerte amistad con el propio Washington, quien organizó un funeral de estado con motivo del inesperado fallecimiento del español en 1778. Su Católica Majestad conocía perfectamente algunos de los líderes de las colonias norteamericanas como Benjamín Franklin. Los contactos en América y en Europa incluso llegaron a una estrecha correspondencia del más joven de los hijos del Rey con el inventor, quien le envió una armónica especial como regalo. Arthur Lee viajó a España para verse con Grimaldi, y el Ministro de Estado, Floridablanca, financió el largo viaje de dos años del representante John Jay. No obstante las autoridades españolas no eran entusiastas en su apoyo a las Colonias rebeldes. Se temía el contagio de la revolución a las propias posesiones americanas. Aranda advirtió de los peli-gros de una nueva nación americana que amenazaría el territorio disputado por España en el norte del Nuevo Mundo. Una vez que se comprobó que Inglaterra nunca accedería a la devo-lución de Gibraltar, y considerando que el apoyo a las trece colonias sería un medio de debilitar al viejo enemigo, España declaró la guerra a Gran Bretaña el 21 de junio de 1779, dejando a un lado todos sus temores. Hasta ese momento se habían enviado como ayuda encubierta a los rebeldes nor-teamericanos más de doscientos cañones, cuatro mil tiendas y treinta mil uniformes, así como millones de dólares en metálico. El total de la ayuda de equipamiento, dinero y préstamos entregados por España al Congreso norteamericano no se conoce con exactitud, pero ha sido estimado en más de cuarenta millones de reales, lo que significa más del diez por ciento del presupuesto anual de la corona. Pero además se enviaron miles de soldados para luchar contra Inglaterra y en apoyo de los norteamericanos, abriendo un segundo frente en el Golfo de Méjico. Esto supone mayor número de las que envió Francia en ese periodo, aunque estos combatieron hombro con hombro con los norteamericanos y quizás por ello han merecido mayores elogios. Además para España, la guerra no finalizó hasta 1783, dos años después de la rendición de Yorktown. Si la cuestión de la ayuda económica, en su mayor parte enviada de forma secreta, ha sido difícil de investigar y de reconocer, lo mismo ha ocurrido con la ayuda militar española, incluso relegada deliberadamente por la mayor parte de la historiografía francesa y anglosajona. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 204-230. ISSN: 0482-5748


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