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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

208 JOSÉ MANUEL GUERRERO ACOSTA Al llegar a Luisiana, Gálvez se casó con Felicitas de Saint Maixent, la hija de un comerciante de la alta sociedad. Mostrándose un hábil admi-nistrador y gobernador desarrolló un importante trabajo para conseguir el apoyo de la población de origen francés y de otras naciones asentada en Luisiana. También se empeñó en reforzar su débil guarnición militar. Afor-tunadamente contó con el refrendo de su tío y de su padre desde España, que designaron un plan para crear una unidad militar de soldados colonos que le ayudaran en sus cometidos en el nuevo territorio. Se estableció un recluta-miento muy exigente en las Islas Canarias que buscaba jóvenes casados con familia, robustos y saludables, con buenas cualidades morales y físicas, y sin objeciones y sin antecedentes penales. Al llegar a Luisiana se les propor-cionaría una porción de tierra y “una peseta diaria”. De esta forma se consti-tuyó prontamente el Regimiento Fijo de la Luisiana, a pesar de la oposición de las autoridades locales canarias, que no entendieron la importancia de su misión en América. Su fuerza llegó a más de setecientos hombres en 1779. Constituirían una de las unidades principales para las operaciones de Gálvez durante los años siguientes. El 13 de julio de 1779, y a pesar de la oposición de la Junta de Guerra de Nueva Orleans, Bernardo decidió dar el primer golpe ante la inevitable ofensiva británica desde el norte de Misisipí y Florida. Después de reunir suministros, barcos, cañones y soldados, se encontraba preparado para ini-ciar las operaciones a finales de agosto. Pero en una sola noche, un violento huracán destruyó todo lo que se había reunido con tanto esfuerzo en la bahía de Nueva Orleans. Sin embargo, la determinación del gobernador para en-frentarse a los británicos estaba incólume. Gálvez estaba dispuesto para partir de nuevo el 27 de agosto de 1779. Salió de Nueva Orleans al frente de ciento treinta soldados veteranos, tres-cientos setenta reclutas del Regimiento de Luisiana, veinte carabineros, se-senta milicianos blancos, ochenta negros y mulatos libres y siete voluntarios americanos. Esta fuerza reunida por Gálvez constituyó el primer ejército multirracial de Norteamérica. Subiendo el Misisipí, escoltados por una flo-tilla de lanchas que transportaban los diez cañones de la expedición (cuatro de a 4 libras, uno de a 24 libras y cinco de a 18 libras) Gálvez consiguió también reclutar los asentamientos alemanes y acadianos establecidos río arriba. Reforzó la columna con seiscientos blancos y negros y ciento sesenta indios con lo que su ejército llegó a un total de casi mil quinientos hombres, una fuerza respetable para las cifras de efectivos militares que se barajaban en América. Once días y un centenar de millas más tarde, la fuerza de Gálvez alcanzó los alrededores de Manchac. Había sido un viaje muy duro y gran Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 208-230. ISSN: 0482-5748


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