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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

212 JOSÉ MANUEL GUERRERO ACOSTA rescate británica se vio obligada a volver a Pensacola. Gálvez fue ascendido a mariscal de campo como premio a sus servicios. La pérdida de La Mobila fue un duro golpe para los intereses británicos que ahora tenían realmente que luchar en un segundo frente además del de la rebelión. Además, sus ataques contra las plazas españolas en Centroamérica estaban en precario. Poco después se lanzaba una ofensiva secundaria contra las posicio-nes británicas en el Alto Misisipí por una fuerza combinada de dos centena-res de norteamericanos a las órdenes del coronel Montgomery. Estuvo refor-zado por un centenar de españoles, más el apoyo del comandante del fuerte de San Luis, Francisco Cruzat. En junio de 1780 atacaron puestos británicos y de sus aliados indios. Otra fuerza mixta compuesta por un centenar de milicianos franceses y españoles junto con algunos indios capturaron Fort Saint Joseph, en las orillas del lago Michigan el 2 de febrero de 1781, cons-tituyendo la operación efectuada más al norte con participación de tropas de la Corona Española. LLEGAN REFUERZOS DESDE EUROPA Mientras tanto en la metrópoli se organizaba una gran flota para transportar once mil soldados hacia América, siguiendo las instrucciones de una Real Orden fechada el 2 de febrero de 1780. Fue el mayor contin-gente enviado nunca al otro lado del Océano por España. Hombres de ocho regimientos de infantería, que provenían de diferentes lugares de España se reunieron en las proximidades de Cádiz a finales de marzo. Se prepararon más de sesenta embarcaciones que serían escoltadas por varios navíos de la Armada, junto con cientos de víveres, municiones y dos trenes comple-tos de artillería de campaña y de sitio. Las unidades fueron equipadas con dotaciones extra de zapatos, medias y fusiles y con uniformes especialmen-te confeccionados en lienzo blanco para el clima tropical. Fue necesario transferir soldados de guarniciones cercanas para completar los efectivos. Debido a la falta de suficientes barcos de mercancías y a la costumbre de sus capitanes de cargar productos de más para aumentar sus beneficios, las tropas se apiñaban a bordo de los barcos de transporte. Finalmente, después de mucho trabajo, la expedición partió el 28 de abril de 1780, uniéndoseles al llegar a Las Antillas una escuadra francesa. Las tropas del ejército estaban al mando del General D. Victorio de Navía, y la escuadra a la del experto Almirante D. José Solano. La travesía resultó accidentada: el gran número de buques civiles dificultó la coordinación: hubo colisiones, apresamientos, hundimientos y dispersión por tormentas. La expedición que finalmente lle- Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 212-230. ISSN: 0482-5748


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