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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

214 JOSÉ MANUEL GUERRERO ACOSTA encontró la oposición de sus compañeros de armas. El almirante Calvo, jefe de la flota -temeroso de entrar por las traicioneras barras de arena sin las cartas de navegación apropiadas- se opuso a continuar la operación. El propio mariscal de campo Gálvez decidió dar ejemplo, y el 18 de marzo, navegando a bordo de su bergantín Galveztown y acompañado solamente por la goleta Valenzuela y dos lanchas cañoneras, forzaba la entrada en la bahía de Pensacola. Tras sufrir un intenso cañoneo desde la batería británica Red-cliffs situada en el lado opuesto, que no causó daños de importancia, entraba en la bahía entre los vítores de sus soldados. En una muestra de su habitual fortaleza de carácter envió un mensaje al Almirante acompañando una de las granadas disparadas por los cañones británicos, para disipar su temor. El resto de los capitanes se vieron forzados por su honor a seguir el ejemplo del mariscal, y el día siguien-te toda la flota entró en la bahía bajo un fuerte cañoneo, excepto el almirante Calvo, que regresó a La Habana en su navío, por cierto el mayor de la flota. El 22 de marzo, el Coronel Ezpeleta llegó al frente de novecientos soldados pro-venientes de La Mobila. Un día después llegó una flota desde Nueva Orleáns con mil seiscientos soldados de refuerzo bajo las órdenes del Mariscal Juan Manuel de Cagigal. El día 24 Gálvez ordenó a todos los contingentes trasla-darse desde la isla de Santa Rosa y reunirse en tierra firme para dar comienzo a las operaciones de asedio. Granadero del Regimiento de Soria, 1781. Museo del Ejército La guarnición británica estaba al mando del General Campbell, y se componía de casi dos mil soldados además de trabajadores negros y alrede-dor de seiscientos Indios Crics (Creeks). Campbell se retiró al fuerte George, Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 214-230. ISSN: 0482-5748


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