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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

40 ARÁNGUEZ, JOSÉ CARLOS - CORRALES, DAVID - MORALES, JOSÉ MANUEL 27 al 28– la entrega de la propuesta del emperador a Viena. La posición del canciller en el gabinete alemán no había dejado nunca de ser incómo-da, pues aunque a estas alturas parecía convencido de que la guerra ya era inevitable aún confiaba en que la respuesta rusa pudiera frenarse. No creía ver en los movimientos que estaba haciendo el ejército ruso en la frontera una amenaza directa a los intereses alemanes, maniobras ya evidentes tras la declaración oficial de guerra a Serbia por parte de Austria-Hungría el día 28 por la tarde84. Además de los miedos secretos y del pánico escénico a una guerra generalizada, ¿qué hubo detrás del guiño a la paz por parte de los políticos alemanes en este momento clave de la Crisis de Julio? Sin duda, la mano de Inglaterra, y más en concreto del ministro de Exteriores sir Edward Grey, se dejó ver en adelante en la mayoría de las acciones diplomáticas encami-nadas a salir del atolladero en que se habían metido las potencias europeas. Como se dijo, Inglaterra siguió en principio los acontecimientos con-tinentales desde la distancia, apelando a una libertad de acción que, por su fortaleza interior y su hegemonía marítima, se había podido permitir durante mucho tiempo. No obstante, las transformaciones del sistema internacional en el camino de la mundialización de las relaciones internacionales y la industrialización acelerada de nuevos países, en especial Alemania, habían hecho que Inglaterra se repensase su política exterior desde los años de en-tresiglos. En medio de los choques con grandes potencias –Estados Unidos (Venezuela, 1895) y Francia (Fashoda, 1898)–, de la guerra con los bóers (octubre de 1899–mayo de 1902) y del shock producido por la derrota rusa en la guerra contra Japón (1905), el hegemon marítimo entendió que la me-jor herramienta para que su imperio sobreviviera a este complejo panorama era la búsqueda de aliados en Europa y en el mundo, es decir, el abandono de su espléndido aislamiento85. Ello tuvo como consecuencia la consecución de una alianza con Ja-pón (enero de 1902) y, en clave europea, la apuesta por la reconciliación colonial con Francia y Rusia (1904 y 1907, respectivamente). Pero a pesar 84  JOLL, James: op. cit., p. 18; MOMMSEN, Wolfgang J.: op. cit., pp. 187-188. Bethmann se mantuvo dubitativo hasta el final. De hecho, tras la firma del acuerdo con Inglaterra por el tren de Bagdad en el mismo mes de julio e incluso después de la declaración de guerra a Rusia y a Francia, el canciller seguía esperando que los ingleses se abstendrían de declararle la guerra a Alemania. BORN, Karl E.: op. cit., p. 259. 85  Vid. MONGER, George W.: The End of Isolation. British Foreign Policy, 1900-1907, Tho-mas Nelson and Sons, London, 1963; y TAYLOR, Alan J. P.: op. cit., pp. 372-402. Una buena síntesis de las aportaciones de la historiografía británica en DE LA TORRE, Rosario: “La política internacional británica en torno a la Conferencia de Algeciras”, en GONZÁLEZ, José Antonio y MARTÍN, Eloy (eds.): La conferencia de Algeciras en 1906: un banquete colonial, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 2007, pp. 23-49. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 40-56. ISSN: 0482-5748


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