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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

50 ARÁNGUEZ, JOSÉ CARLOS - CORRALES, DAVID - MORALES, JOSÉ MANUEL Las investigaciones realizadas hasta este momento han permitido demos-trar que la crisis desarrollada durante el verano de 1914 podría haberse resuelto de manera exitosa, al igual que otras muchas antes. Aunque los dirigentes polí-ticos se convencieron de que no había vuelta atrás e hicieron ver la guerra como un suceso inevitable, el análisis detallado de los documentos disponibles niega esta apreciación errónea. Frente a los viejos planteamientos que han considera-do el atentado de Sarajevo como un factor que condujo de manera ineludible a la contienda, hay que destacar el mantenimiento de una calma relativa durante semanas o la presentación de propuestas de paz hasta el último momento, como la iniciativa procedente del Foreign Office del día 1 de agosto. De todos modos, existen lagunas importantes que aún no han sido abordadas. Así, por ejemplo, sigue habiendo escasas referencias sobre las conversaciones mantenidas en San Petersburgo del 20 al 23 de julio, donde estuvieron presentes el zar Nicolás II y Raymond Poincaré, presidente de la República francesa. En definitiva, son muchas las preguntas que quedan por resolver sobre el inicio de la Gran Guerra. Sin embargo, se puede afirmar que los europeos no esperaban el estallido de un conflicto a escala mundial, ya que pensaban que asistían a una crisis balcánica más. Las causas estructurales no determi-naron la guerra de forma inevitable, aunque deben ser valoradas a la hora de explicar este acontecimiento histórico. Los dirigentes políticos de cada país actuaron bajo la influencia de una amplia red de ideas, pasiones y realidades, que acabó condicionando sus decisiones. De este modo, este actual enfoque no supone más que una renovación de los planteamientos defendidos décadas atrás por Renouvin y Duroselle, quienes establecieron una estrecha relación entre las llamadas “fuerzas profundas” y el propio estadista. Si bien actualmente asistimos a una necesidad de repartir responsabi-lidades entre todos los países beligerantes, conviene no perder de vista los motivos y peligros asumidos por cada uno. Alemania y Austria-Hungría eran conscientes del riesgo de que Rusia acudiese en ayuda de Serbia. A su vez, la movilización rusa en todos los frentes se consideró un grave peligro por par-te de los Imperios Centrales, eliminando la mínima posibilidad de establecer una salida negociada. Por otro lado, la entrada de Francia buscaba fortalecer la Triple Entente para asegurar su mantenimiento como gran potencia, mien-tras que Inglaterra intervino con el fin de preservar la independencia de los Estados soberanos y evitar el peligro de un dominio alemán en el continente europeo. Así pues, enmarcado dentro de un sistema internacional frágil y caracterizado por continuas rivalidades, el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914 fue consecuencia de viejos temores, nuevas inseguridades, percepciones erróneas, decisiones precipitadas y ca-sualidades históricas. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 50-56. ISSN: 0482-5748


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