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REVISTA HISTORIA MILITAR 117

80 FERNANDO CALVO GONZÁLEZ-REGUERAL nacido en la Villa y Corte el 7 de octubre de 1912: hijo, nieto y bisnieto de militares por parte de padre (quien fuera Comandante General de Ingenieros en el Cuartel General de Franco), descendía de ‘catedráticos, magistrados e hidalgos labriegos’ por parte materna, aunque sospechamos con Gárate Córdoba que este ‘soldado-poeta fue siempre un militar de corazón’. Licen-ciado en Derecho y Filosofía y Letras por la vieja Universidad de Madrid, fue profesor de español en la prestigiosa Mill Hill School de Inglaterra, sor-prendiéndole el inicio de la guerra en Madrid, no dudando en presentarse voluntario al Cuartel de la Montaña, de donde escaparía milagrosamente (peripecia que narró en su otra magnífica novela, La encrucijada de Ca-rabanchel14, galardonada con el Premio Nacional de Literatura Miguel de Cervantes en 1963). Tras lograr pasarse al bando nacional, llegaría a ser oficial de complemento de Zapadores en una de las dos divisiones de Caba-llería, siendo herido grave cerca de Manresa en enero del 39, aprovechando la convalecencia para concebir su obra… que iría madurando tras la gue-rra entre las pocas pausas que le dejara una brillante carrera diplomática que le llevó por París, Oslo, Bonn (la nota preliminar de La soledad... está fechada en Bad Godesberg), Tetuán, Túnez, Addis Abeba, Budapest, etc. Otros títulos de su producción, aparte de los dos citados, serían: Ceuta en el umbral, La puerta falsa, El Corpus Christi de Francisco Sánchez… La mejor demostración de su calidad literaria es que otros escritores poco afines ideológicamente a él lo respetaron y valoraron siempre, así Haro Tecglen en su artículo El niño republicano: “El Cónsul General de Tetuán, Salvador García de Pruneda, un excelente escritor de la mejor vena falangista, del buen estilo castellano”. Andrés Trapiello la ha glosado en la última edición de su clásico estudio sobre los escritores y la guerra llamado Las armas y las letras15. Al final, La soledad de Alcuneza, novela envuelta siempre en un halo de romanticismo, es un canto en tono elegíaco a muchas cosas: es un canto, en primer lugar, a los militares de Ingenieros y su pericia bajo el fuego, con el ruido ‘entre militar y artesano de ese tejer y destejer que es el béli-co ejercicio’ (maravillosa ‘la danza de los zapadores’ del pasaje “Tiende la compañía un puente de caballetes” en el día aciago en que ésta pierde a su capitán y el puente se le rompe); y es un canto, cómo no, ante todo, por en-cima de todo y sobre todo, a una Caballería que desaparece definitivamente en esa guerra, con los ecos de sus cascos alejándose y quedando ocultos por el rugido de los motores de una nueva y deshumanizada maquinaria bélica, 14  García de Pruneda, Salvador: La encrucijada de Carabanchel, Cid, 1963. 15  Trapiello, Andrés: Las armas y las letras, Destino, Barcelona, 2010. Revista de Historia Militar, 117 (2015), pp. 80-90. ISSN: 0482-5748


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