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PINZÓN Y LAS RAÍCES HISPÁNICAS DE BRASIL 125 con toda naturalidad, simultáneamente con las acusaciones más graves. En fin, por concluir, el episodio terminó de forma truculenta;32 su expedición amazónica fue humanamente lamentable y geográficamente anodina. 5. Explorando el Amazonas en ambos sentidos En verdad el recorrido del cauce principal del Amazonas se había hecho sugerente pero desconocido. Las expediciones habían sido costosas y su fruto, ninguno. Las clásicas huestes se mostraban poco idóneas cuando el espacio era inmenso y mínimamente poblado por grupos de cultura material poco atractiva. Para esas áreas al margen surgieron otros protagonistas; se demostró que eran excelentes exploradores para tan intrincado espacio. En grupos de dos a seis, podían moverse con frágil agilidad e inconstante auto-suficiencia y, por su fuerte debilidad, eran vistos hasta con simpatía por los grupos receptores aunque tampoco estuvieron exentos de reacciones exter-minadoras (Ortigueira recuerda la rebelión de 1578 que eliminó a los frailes Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 103-154. ISSN: 0482-5748 en sus misiones). La actividad era eclesiástica, proselitista, pero su legado documental (relaciones, cartas, crónicas, mapas) es muy rico en información geográfica (ríos, clima, asentamientos, modos de producción, transporte, etc.) y antropológica (vocabulario, ritos y creencias, vestimenta, armas y herramientas, etc.); unos frutos que se incrementaron con una acción transculturadora y por los avances que imprimieron a las comunicaciones (trazado de trochas que disminuían a catorce días una distancia que se tardaba en recorrer dos meses). Estos peculiares exploradores reconocieron (generalmente acompañados por una mínima escolta militar), especialmente, la cuenca alta del Amazonas y la «ceja de la montaña». Realidades, mitos y leyendas seguían atrayendo a laicos y clérigos por distintos intereses; el jesuita Font mostraba su interés por la región del alto Amazonas, de la montaña selvática peruana, y por los habitantes de las islas «ricas» del río Marañón. Entre aquellos frailes hay que resaltar a Domingo de Brieva33 y Lau-reano de la Cruz.34 Un espacio particularmente llamativo era el ocupado por los aguerridos y temibles indios jíbaros, unas tierras que presumible aunque 32  Aguirre entró en tierra venezolana y tomó las ciudades de Valencia y Barquisimeto; mató a su hija Elvira y se hizo matar por dos de sus hombres. 33  «Descubrimiento del Río de las Amazonas», BNE manuscritos, 5.859 (Cuesta, 1993). 34  «Nuebo descubrimiento del río de Marañón», BNE, manuscritos, 5.950 (Cuesta, 1993).


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