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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

140 MARIANO CUESTA DOMINGO que la remontada es más dura y lenta que el descenso y, en ciertas ocasiones imposible (inicios del viaje de Orellana). En estas condiciones el desplazamiento de hombres era difícil, tanto más cuanto mayor fuera el grupo; el de materiales, enormemente gravoso. De ahí la indudable importancia del trazado de rutas de acceso desde las zonas más desarrolladas a las marginales. En la época prehispánica existieron leves contactos con la ceja de la montaña desde el corredor interandino; son los pasos que sirvieron de acceso a los españoles durante la segunda mitad del siglo xvi. A lo largo del xvii no fue alterada la experiencia. La ruta establecida entre Quito y las cuencas de los ríos Putumayo y Napo no fue modificada y el intento jesuita de abrir una nueva que les condujera a los Maynas vía Archidona resultó infructuoso. En el plano geográfico/descriptivo las aportaciones de aquel pequeño grupo misional no parecen extraordinariamente ricas, insistimos, contempladas al cabo de los siglos, pero fueron y son del mayor interés por lo que tienen de intuitivas, de narración testifical y percepción directa, por encima de inevitables inexactitudes y hasta explicables errores («el Putumayo, como uno de los que entran en el gran Napo») al reflejar un enmarañado y laberíntico suelo, en la soledad, sin la preparación geográfica mínima y carentes de experiencia. Veamos algún ejemplo: «Gran río Napo, llamado por otro nombre del Marañón, y este es el río tan nombrado y el que, como dijimos, tiene su origen y principio en las cordilleras cercanas a la ciudad de Quito —que está fundada cerca de ellas, medio grado de la línea equinoccial hacia el Sur— y este es el que camina hasta entrar en el océano por un lado de la línea, apartándose muy poco de ella por la banda del Sur, recogiendo e incorporando en sí todas las aguas que vierten las cordilleras del Perú que corren desde el Nuevo Reino de Granada casi norte sur hasta la imperial de Potosí tiene de longitud más de 600 leguas, y este es finalmente el que tiene desde su principio hasta entrar en el mar 1.300 leguas de largo y de ancho unas dos o tres, y en parte más y en partes menos, y el que en sus principios es muy rico de oro» (BNE, ms. 2.950, 118 rº). «Hay desde la ciudad de Quito a la de Alcalá de los Cofanes más de 50 leguas de camino por tierra, pasa por la cordillera que está ocho leguas de Quito, y por la provincia de los Quijos, que se sigue luego caminando casi siempre al oriente, por sierras y valles de mucha arboleda y aspereza. Hay en esta provincia de los Quijos muchos ríos muy rápidos que corren por peñas y se pasan algunos por puentes de bejucos (que son como maromas) que se crían entre aquellas arboledas, las cuales amarran en los árboles que están en las orillas ... Las unas y las otras se pasan con trabajo y riesgo y si del todo se quitasen se haría imposible el paso» (ídem, 118v). Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 103-154. ISSN: 0482-5748


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