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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

CERVANTES SOLDADO DE LA INFANTERÍA ESPAÑOLA 231 don Juan a los virreyes o los jefes y capitanes de las tropas.37 El escritor, años después, en El Quijote (I, 39) nos ofrece su propio relato en el que se observa un conocimiento profundo de los hechos: «Sintió mucho esta pérdida el Gran Turco, y, usando de la sagaci-dad que todos los de su casa tienen, hizo paz con venecianos, que mu-cho más que él la deseaban, y el año siguiente de setenta y cuatro aco-metió a la Goleta y al fuerte que junto a Túnez había dejado medio levantado el señor don Juan … Perdiose, en fin, la Goleta, perdiose el puerto, sobre las cuales plazas hubo de soldados turcos, pagados, setenta y cinco mil, y de moros y alárabes de toda la África, más de cuatrocientos mil, acompañado este gran número de gente con tantas municiones y pertrechos de guerra y con tantos gastadores, que con las manos y a puñados de tierra pudieran cubrir la Goleta y el fuerte. Perdiose primero la Goleta, tenida hasta entonces por inexpugnable, y no se perdió por culpa de sus defensores, los cuales hicieron en su defensa todo aquello que debían y podían, sino porque la experiencia mostró la facilidad con que se podían levantar trincheas en aquella desierta arena, porque a dos palmos se hallaba agua, y los turcos no la hallaron a dos varas; y, así, con muchos sacos de arena levantaron las trincheas tan altas, que sobrepujaban las murallas de la fuerza (fortaleza), y tirándoles a caballero, ninguno podía parar ni asistir a la defensa. Fue común opinión que no se habían de encerrar los nuestros en la Goleta, sino esperar en campaña al desembarcadero, y los que esto dicen hablan de lejos y con poca experiencia de casos semejantes; porque si en la Goleta y en el fuerte apenas había siete mil soldados, ¿cómo podía tan poco número, aunque más esforzados fuesen, salir a la campaña y quedar en las fuerzas (permanecer en las fortalezas), contra tanto como era el de los enemigos? ¿Y cómo es posible dejar de perderse fuerza que no es socorrida, y más cuando la cercan enemigos muchos y porfiados, y en su mesma tierra? Pero a muchos les pareció, y así me pareció a mí, que fue particular gracia y merced que el cielo hizo a España en permitir que se asolase aquella oficina y capa de maldades, y aquella gomia o esponja y polilla de la infinidad de dineros que allí sin provecho se gastaban, sin servir de otra cosa que de conservar la memoria de haberla ganado la felicí- 37  Juan de Valcázar, compañero del escritor, en su declaración: «… afirma que D. Juan de Austria, el duque de Sessa y los demás caballeros capitanes tenían a Cervantes en mucha re-putación, y por muy buen soldado y principal». Fernández de Navarrete, M.: Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, op. cit., pág. 334. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 207-242. ISSN: 0482-5748


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