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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

234 MANUEL FERNÁNDEZ NIETO «--Digo, pues, que los trabajos del estudiante son estos: princi-palmente pobreza, no porque todos sean pobres, sino por poner este caso en todo el extremo que pueda ser ... Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en frío, ya en desnudez, ya en todo junto; pero con todo eso, no es tanta, que no coma, aunque sea un poco más tarde de lo que se usa, aunque sea de las sobras de los ricos, que es la mayor miseria del estudiante este que entre ellos llaman “andar a la sopa”; y no les falta algún ajeno brasero o chimenea, que, si no calienta, a lo menos entibie su frío, y, en fin, la noche duermen debajo de cubierta. No quiero llegar a otras menudencias, conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos, la raridad y poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto cuando la buena suerte les depara algún banquete. Por este camino que he pintado, áspero y dificultoso, tropezando aquí, cayendo allí, levantándose acullá, tor-nando a caer acá, llegan al grado que desean; el cual alcanzado, al-gunos hemos visto ... mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, su frío en refrigerio, su desnudez en galas y su dormir en una estera en reposar en holandas y damascos, premio justamente merecido a su virtud. Pero contrapuestos y com-parados sus trabajos con los del mílite guerrero, se quedan muy atrás en todo». En efecto, conoce Miguel el mundo estudiantil por observación di-recta en sus años de residencia en Alcalá donde sobresalía la Universidad Complutense y, quizás, por sus jornadas napolitanas, sin embargo la vida militar es su decisión de oficio del que siempre se sentirá orgulloso, tal como se desprende de su obra, especialmente cuando el ingenioso hidalgo afirma que: «--Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus par-tes, veamos si es más rico el soldado, y veremos que no hay ninguno más pobre en la misma pobreza, porque está atenido a la miseria de su paga, que viene tarde o nunca, o a lo que garbeare robare por sus manos, con notable peligro de su vida y de su conciencia. Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le sirve de gala y camisa, y en la mitad del invierno se suele reparar de las inclemencias del tiempo, estando en la campaña rasa, con solo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vacio, tengo por averiguado que debe de salir frío, contra toda naturaleza. Pues esperad que espere que llegue la no-che para restaurarse de todas estas incomodidades en la cama que le Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 207-242. ISSN: 0482-5748


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