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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

EL ASESINATO DE VÍCTOR DARMON Y LA CRISIS HISPANO... 247 de ellos y provocando su inquina, a la vez que los modales europeos de que hacía gala en su trato con las mujeres provocaban los celos y la animadver-sión de padres y maridos. Los rumores de que osaba mantener relaciones amorosas con musulmanas agravaban la ojeriza que despertaba este com-portamiento, volviéndole odioso a los ojos de algunos. Además, los judíos de Casablanca le contemplaban como un peligroso rival, ya que temían que se apoderase de una porción sustancial del comercio de la zona. Por otra parte, vestía como un europeo y vivía a la manera de los franceses a pesar de su origen hebraico, lo que chocaba con los usos y las costumbres del país en aquella época. El bajá de Mazagán apeló al sultán y consiguió con sus intrigas que Darmon fuera desterrado de Casablanca, fijándose su residencia en Moga-dor (Essaouira). Aunque intentó defenderse de las acusaciones de Muza e incluso obtuvo informes del caíd y de otras personas respetables de la ciu-dad que le permitirían desbaratar sus calumnias, el bajá de Casablanca le impidió presentar sus alegaciones ante el sultán para evitar que su colega de Mazagán resultara perjudicado. Mientras tanto, Muza envió dos soldados a Casablanca que apresaron a Darmon y le condujeron a su presencia. Una vez allí, después de leerle la orden imperial que le desterraba de Casablanca y determinaba su nueva residencia, le comunicó que quedaría detenido en Azemmour hasta que efectuase el pago de 32 quintales de pólvora que adeu-daba por derechos de aduana. Darmon replicó al bajá que, si bien era cierto que adeudaba este con-cepto, hacía ya tiempo que la remesa de pólvora se había pedido a Gibraltar y su llegada no podía tardar. También alegó que el pago de los derechos de aduana que tenía pendientes estaba asegurado mediante las existencias de sus almacenes y los créditos que le adeudaban varios personajes del país, y reclamó que se le dejase en libertad. Ante la negativa de Muza, apeló a la inmunidad consular de la que disfrutaba, pero el bajá ordenó que quedase detenido en una posada, custodiado por guardias e incomunicado. A pesar de la prohibición de comunicarse con el exterior, Darmon sobornó a los guardias y obtuvo papel y tinta con los que redactó notas re-clamando la protección de los Consulados Generales de España y de Gran Bretaña, pero sus mensajes cayeron en manos de Muza. Finalmente, pudo conseguir que el cónsul general de España se enterase de su situación. Sin pérdida de tiempo, este escribió al bajá comunicándole que estaba quebran-tando lo dispuesto en los tratados internacionales y vulnerando la inmunidad consular de un agente de España, exigió que le devolviera de inmediato la libertad y protestó por los daños y perjuicios que se le estaban ocasionando, pero el bajá hizo caso omiso de sus reclamaciones, así que se dirigió direc- Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 243-282. ISSN: 0482-5748


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