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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

250 JORGE LUIS LOUREIRO SOUTO descaro, abusando de ellos con una crueldad gratuita, conscientes de su impunidad y alentados por sus mayores.6 En 1841, Muley Abderramán definió el estatus de los judíos de su Imperio en una carta dirigida al cónsul general de Francia, en la que aludía a una serie de garantías de las que se beneficiarían siempre y cuando cumplie-ran las condiciones que la ley islámica imponía a quienes estaban bajo su protección. Mientras observasen estas condiciones, estaría prohibido derra-mar su sangre y serían respetados sus bienes. Sin embargo, estaba permitido verter su sangre y apoderarse de sus haciendas si se atrevían a vulnerar uno solo de sus preceptos. Según el sultán, el islam atribuía a los judíos las se-ñales de la humillación y la ignominia, de forma que el mero hecho de que uno de ellos levantase la voz a un musulmán constituía una violación de las condiciones de protección. En la misma carta, recordaba al cónsul que el estatus de los cristianos era diferente del de los judíos, ya que los cristianos eran «reconciliados» mientras que los judíos eran «protegidos», argumen-tando que si los europeos querían considerar a los hebreos como sus iguales, estaba muy bien que lo hicieran mientras estaban en sus países, pero no en su Imperio, donde los hebraicos tenían que acomodarse a las obligaciones impuestas a los demás «protegidos» y vestir los mismos signos exteriores. Aquellos que no quisieran cumplir estas obligaciones, no tenían más que quedarse en sus patrias.7 Volviendo al infortunado Darmon, después de la agresión, se vio obli-gado a permanecer en el lecho para reponerse de sus heridas, pero envió una circular a sus colegas poniéndoles al corriente de lo sucedido y solici-tándoles que reclamasen una satisfacción al bajá por el atropello que había sufrido. El bajá, por su parte, comunicó el suceso al sultán, tergiversándolo para perjudicar a Darmon. Días después, se presentó en Mazagán y convocó a los agentes consulares para notificarles que había decidido arrestar al vice-cónsul y encerrarle en la cárcel pública, cargado con grillos y cadenas, hasta que llegase la respuesta de su señor. Los agentes consulares protestaron unánimemente y le recordaron que la condición de agente consular de Darmon confería inviolabilidad a su persona, haciéndole ver las graves consecuencias que podría acarrear seme-jante acto. El agente de Cerdeña, en cuyo domicilio se había refugiado el vi-cecónsul, se opuso resueltamente a que los hombres del bajá entrasen en su 6  Le dhimmi. Profil de l’opprimé en Orient et en Afrique du nord depuis la conquête arabe (1980). Textos de viajeros, comerciantes y diplomáticos europeos por Marruecos en el siglo xix, recopilados por Bat Ye’or, págs. 1 y 2: <http://www.ua.es/personal/jms/hc/mrcs.pdf>. 7  Carta del sultán de Marruecos, Muley Abderramán, al cónsul de Francia en Tánger, ibíd., págs. 2 y 3. Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 243-282. ISSN: 0482-5748


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