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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

EL ASESINATO DE VÍCTOR DARMON Y LA CRISIS HISPANO... 251 residencia para detenerle, violando su pabellón, pero el bajá respondió que su orden se ejecutaría al momento y a la fuerza. Sin prestar consideración a las protestas de los agentes consulares ni a las obligaciones internacionales de su país, los soldados violentaron la residencia del agente de Cerdeña, prendieron a Darmon y le condujeron a la cárcel pública, donde se le encerró cargado de cadenas. El 20 de enero, se recibió un mensaje del sultán ordenando que el vicecónsul fuera ejecutado en el mismo lugar en que el hombre del teniente de gobernador había resultado herido por el disparo fortuito de su escopeta. El bajá reunió de inmediato a los agentes consulares y les comunicó la orden de su señor, asegurándoles que él nunca había tenido la intención de hacer ningún daño a Darmon y que apelaría al sultán recordándole su condición de agente consular de España y la poca gravedad de la herida que había recibi-do el moro, pidiéndole que conmutara la pena. También fingió interesarse en extremo por la situación del vicecónsul y les manifestó que haría todo lo que estuviese en su mano para evitar que se ejecutase la sentencia. Los agentes consulares se mostraron conformes y es muy posible que alguno de ellos le ofreciera una importante suma si conseguía realizar lo prometido. Sin embargo, las gestiones de Muza fueron vanas, ya que, al parecer, el sultán estaba convencido de la veracidad de las anteriores acu-saciones y creyó que su apelación se debía a que había sido sobornado por los amigos del detenido, así que confirmó su orden y envió un soldado de su guardia para que ejecutara directamente la sentencia sin entrevistarse si-quiera con el bajá. Además, amonestó a Muza por no haber obedecido de inmediato un mandato imperial, recordándole que no ignoraba que Darmon era un agente consular de España, pero debería haber cumplido su orden, sin réplica ni tardanza, aunque se hubiera tratado del mismo cónsul general, y le comunicó que había enviado un hombre de su guardia a Mazagán para ejecutar la sentencia. El 25 de enero de 1822, un soldado de la guardia negra (dos, según algunas versiones) se presentó en la cárcel de Mazagán portando un firmán del sultán y Darmon le fue entregado en el acto. Después de hacerle montar a pelo en la primera mula que encontró, se dirigieron al lugar en que había ocurrido el incidente. El vicecónsul no sospechaba que se acercaba su úl-tima hora, ya que pensaba que estaba siendo conducido a Azemmour para entrevistarse con el bajá. Cuando llegaron a aquel paraje, el soldado disparó su espingarda a bocajarro contra su costado derecho, derribándolo a tierra. Seguidamente, se aprestó a cortarle la cabeza con su yatagán, pero Darmon le suplicó que lo rematase de un tiro antes de hacerlo. El soldado atendió a sus súplicas, cargó parsimoniosamente de nuevo su arma y le descerrajó Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 243-282. ISSN: 0482-5748


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