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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

28 LUIS ALFONSO ARCARAZO GARCÍA de la necesidad acuciante de profesionales cualificados para la Armada y el Ejército y de sus propios deseos de reforma. En estos colegios la preparación que recibieron sus alumnos fue de tal nivel, que llegó a crear suspicacias entre los médicos, cuya formación se-guía siendo teórica, al sentirse perjudicados por los conocimientos de estos nuevos cirujanos. Afortunadamente estos colegios eran independientes del Protomedicato y al estar en el ámbito castrense, nada pudieron hacer contra ellos los colegios profesionales. Posteriormente, el 12 de marzo de 1799, adelantándose la medicina militar a la civil, Gimbernat unificó por primera vez los títulos de medicina con los de cirugía, creándose lo que se denominó Cirugía Médica en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos de Madrid y, posteriormente, en los nuevos de Burgos y de Santiago de Com-postela en 1800, aunque este intento duró poco, ya que en 1801 se ordenó separar de nuevo ambas facultades.39 El año 1795 fue muy especial para la cirugía militar, ya que se apro-baron varias ordenanzas, como las del Real Colegio de Cirugía de Barce-lona, las del Cuerpo de Cirugía Militar, de los Colegios Subalternos y las de los Cirujanos del Principado de Cataluña, creando un verdadero cuerpo facultativo dirigido por una Junta Superior Gubernativa, que estaba formada por un presidente y los directores de los colegios de Cádiz, Barcelona y Ma-drid. También se ordenó que a los cirujanos militares se les otorgase un Real Despacho, como al resto de la oficialidad del Ejército, quedando sujetos a la autoridad del cirujano mayor del Ejército, que a su vez lo estaba de la Junta Superior Gubernativa de los Colegios de Cirugía,40 y a la autoridad militar del jefe de unidad en los actos del servicio, como cualquier otro oficial del Ejército. Según las nuevas Ordenanzas de Medicina Práctica de 1795, los alumnos de los colegios de cirugía que terminaran sus estudios, serían desti-nados al Ejército con el grado de doctor y ejercerían la cirugía y la medicina como lo estaban haciendo los del colegio de Cádiz, permitiendo recetar tam-bién a los destinados en los hospitales. Una vez que los alumnos finalizaban sus estudios de cirugía, quedaban dependiendo del ramo de hospitales, hasta que se les propusiera para un destino definitivo y una vez que esto ocurría, para tomar posesión de su plaza, debían presentar al jefe del cuerpo «la caja de instrumentos de trépano, amputación, algalias y demás de uso frecuente y ordinario», que anteriormente habrían presentado a la Junta Superior Gu- 39  López Gómez, J. M.: «El doctor Juan Bassas, un vicense catedrático del Real Colegio de cirugía de Burgos (1799-1824)», en Gimbernat, n.º 26, págs. 131-144. 40  Las Ordenanzas de Medicina Práctica de 20-VI-1795 instituían como cabeza y jefe del Cuer-po de Cirugía Militar a la Junta Superior Gubernativa tanto en paz como en guerra. Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 11-72. ISSN: 0482-5748


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