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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

290 JESÚS RUIZ DE GORDEJUELA URQUIJO Sería el relato del teniente del Regimiento del Comercio Salaverría el que como si se tratara de un relato de aventuras, ofrezca más detalles de lo sucedido esa noche. Decía de este modo: «Dadas las 12 y media de la noche ya se hallaba el acompañamiento de reunión, en el citado callejón en número de 500 a 600 hombres, los que se dirigieron por el portal de las flores con el mayor silencio. Llegaron a palacio, y acabando de abrir la puerta que estaba entrecerrada, inmediatamente se arrojó un pelotón de gente despojando de las armas a las centinelas y guardias de aquel sitio. Otro pelotón de gente (continúa Salaverría) se dirigió a la guar-dia de Caballería, se apoderó de los tres centinelas que tenía y de to-das las armas, de modo que tuvieron que darlas por su propia mano. Todos cuantos centinelas se hallaban puestos en los puntos de pala-cio, fueron despojados y reemplazados con gente del paisanaje, en disposición, que donde había un centinela, se pusieran cuatro con la orden de que a cualquier individuo que se viese, preguntarle, quién vive, y el que no respondiese ser gente de Fernando 7º, dada seña y contraseña, reservada, aprehenderlo. Estando asegurados todos los puntos de abajo con, sus respecti-vas centinelas y fuerza, se dirigieron para arriba, cinco pelotones de paisanaje, dos por la escalera principal de palacio; tres por la esca-lera de la vivienda del virrey, de los dos primeros, el uno se dirigió al cuerpo de guardia de alabarderos, el otro a la puerta de la sala que cae bajo del reloj, la cual rompieron para introducirse adentro; de los otros tres pelotones, el uno se apoderó de la vivienda del secretario de cartas y demás familia y los dos siguientes a la vivienda de los virreyes … Toda la familia fue reunida en una pieza con bastantes centinelas, en donde se mantuvo por un largo espacio en conversa-ción tirada, entretanto fueron a traer al ilustrísimo señor arzobispo, al señor Garibay (quienes recibieron gran susto al irlos a despertar, diciéndoles que el virrey estaba preso), a los señores oidores y demás autoridades de esta capital, que fueron traídos inmediatamente, to-dos con sus correspondientes escoltas. Así mismo fueron a traer al sargento mayor de plaza, don Juan Noriega, e imponiéndolo de lo que en aquel momento acababa de suceder, se levantó luego de la cama, y para evitar alguna conmoción Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 283-314. ISSN: 0482-5748


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