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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

294 JESÚS RUIZ DE GORDEJUELA URQUIJO qués la seguridad de su antecesor y le instruyó de que debía hacer llegar a España a Iturrigaray, no permitiéndole su comunicación con tierra cuando llegara a La Habana. Aunque arribaron a Cádiz el 2 de febrero, no fue hasta tres días después cuando el destituido virrey pisó tierra española. Según orden de la Junta, se le llevó al Castillo de San Sebastián y de este a la For-taleza de Santa Catalina, en espera de que se iniciara la causa en la que había de ser juzgado. El mismo Yermo se encargó de adelantar todos los gastos concernientes al viaje a Veracruz del virrey y su familia, que ascendió a 9.262 pesos (incluido el alquiler de once coches), más los gastos particulares presentados por los escoltas. El total alcanzó la nada despreciable cantidad de 14.757 pesos, que se devolvió a Yermo de los bienes embargados al mis-mo Iturrigaray en abril del siguiente año. Casi un año después del arresto del virrey, el fiscal del Consejo de España e Indias —al que se pasó los informes de la Audiencia de México—, pidió que se practicasen todas las diligencias que se habían omitido y propuso que se distinguiesen en diversas causas los puntos de infidencia de los que debían servir para el juicio de residencia. Mientras, Iturrigaray solicitó permiso a la regencia instalada en la Isla de León para pasar con su familia a La Habana, desde donde promovería su causa, pero no obtuvo ningún éxito en su solicitud. Concluida la causa de infidencia, se siguió la de residencia, para la que fue nombrado juez el alcalde de corte de México Ramon Osés, hombre de constatada integridad y que no siendo indivi-duo de la Audiencia en tiempo de la prisión del virrey, no podía ser considerado como parcial. José de Iturrigaray fallecería en diciembre de 1815 sin concluir su juicio de residencia. Su viuda, Inés Jáuregui, solicitó al rey el sobreseimien-to del juicio de residencia, petición que fue desestimada. Finalmente, se le con-denó a pagar a la Real Hacienda la importante cifra de 119.000 pesos. Pasados los primeros momentos la Audiencia procuró minimizar el papel jugado por los voluntarios en el movimiento golpista. Su prudencia le llevó a apartar de su lado a aquellos paisanos uniformados salidos de la revuelta —organizados en el cuerpo de los voluntarios de Fernando VII— y a Gabriel de Yermo, ejecutor material del mismo: unos y otros se sintieron disgustados y desplazados por unas autoridades que no se habían arriesgado para que su movimiento triunfase. El vizcaíno se sintió traicionado por la Audiencia, que menospreciaba su participación, y especialmente por la hi-pocresía mostrada en la consumación de los hechos. El abogado navarro Juan Martín Juanmartiñena25 escribió un polémi-co opúsculo en 1821 titulado Verdadero origen de la revolución en Nueva 25  Juan Martín Juanmartiñena, Aldaz (Navarra) 1779-San Juan de Luz (Francia) 1845. Llegó a México en compañía de su hermano Juan Francisco, para instalarse en casa de su tío Juan Bautista de Juanmartiñena. Estudió Leyes en Ciudad de México y alcanzó los cargos de Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 283-314. ISSN: 0482-5748


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