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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

300 JESÚS RUIZ DE GORDEJUELA URQUIJO Tras tomar la ciudad de Guanajuato, y más tarde el 25 de octubre To-luca, las tropas insurgentes se dirigieron en un número de 80.000 hombres a dar el último asalto, la toma de la Ciudad de México. El recién llegado virrey Francisco Xavier Venegas ordenó al citado coronel Trujillo, quien gozaba de un merecido prestigio por su participación en la batalla de Bailén, ponerse al frente de las pocas tropas realistas de la capital con la casi impo-sible misión de contener a los enemigos y evitar que las hordas asolasen la capital novohispana. La mañana del 30 de octubre de 1810, en un paraje cercano a la capi-tal conocido como Monte de las Cruces, los realistas presentaron batalla su-friendo una dolorosa derrota, pero demostraron la firme voluntad de impedir que se hicieran los rebeldes con la más preciada «joya de la corona». A pesar de que los sublevados derrotaron claramente a los cerca de 2.000 soldados realistas y que gran parte del armamento español abandonado en el campo de batalla pasara a manos enemigas, Hidalgo no se atrevió a dar el golpe de gracia contra la capital del virreinato. Mucho se ha escrito sobre esta incomprensible decisión y muchos son los que se han preguntado la razón por la que el Ejército Insurgente no atacó la ciudad. Se ha barajado la hipótesis de que el padre Hidalgo com-prendió que el asalto de sus hordas a Ciudad de México supondría su total destrucción, aunque a nuestro entender se debió más a las profundas discre-pancias en el modo de dirigir el movimiento insurgente entre sus dos líderes, Hidalgo y Allende. El rechazo de este último y de los principales oficiales (Aldama, Abásolo, Jiménez, Lanzagorta) a que se repitiera un cruento asalto como el acaecido en la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato pudo hacer desistir a Hidalgo de tan trascendental decisión. Venegas, que había desatendido la capital al enviar gran parte de su guarnición militar a la división de Manuel Flon que se encontraba en Queré-taro, apenas pudo reunir una división de 2.000 hombres al mando del coro-nel Torcuato Trujillo. El virrey ordenó atrincherarse en Toluca para resistir el avance de los insurgentes y evitar a toda costa que entraran al Valle de Méxi-co. Componían esta vanguardia los cuerpos de Infantería del Regimiento de Tres Villas y la Caballería del Regimiento de Dragones de España. Entre los ayudantes de Trujillo se encontraba el mayor José Mendívil y los capitanes Antonio Bringas y el joven teniente Agustín de Iturbide quien años después lograría la independencia de México. En la ciudad tan solo quedaron de guarnición el mermado Regimiento Urbano de Comercio y el recién creado Regimiento de Patriotas Distinguidos de Fernando VII. Cumpliendo órdenes, Trujillo salió el 28 de octubre a reconocer el camino del norte. Cuando llegó a la vanguardia pudo comprobar como el Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 283-314. ISSN: 0482-5748


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