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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

EL CUERPO DE CIRUGÍA MILITAR DEL EJÉRCITO A COMIENZOS... 35 por un cabo y dos a caballo» y cada dos llevarían una «angarilla o brancar, que es como unas andas con su tabla clavada de sesgo en la cabecera para que el enfermo no vaya con la cabeza baja; a ser posible, cada angarilla de-bía tener su jergoncillo y su cabezal». La función de los cabos consistía en hacer regresar a los camilleros al combate para recoger nuevos heridos. La realidad es que los convoyes de carros con heridos eran un espectáculo ho-rroroso con los pacientes amontonados, sin colchones, si acaso con un poco de paja, tapados con una manta, a la intemperie bajo el sol, la lluvia o el frío «sin otro socorro durante el camino que una botella con tisana». Y por último estaba el tercer escalón formado por los hospitales, re-gidos por el Reglamento de 1739, que establecía cómo debía ser su direc-ción, tanto de guarnición como en campaña, detallando todas las actividades diarias para que su funcionamiento fuera el correcto, incluyendo un listado de víveres y utensilios imprescindibles. También indicaba que la ubicación de un hospital de campaña la decidían entre el protomédico y el ingeniero, lo mismo que la distancia entre las salas, las camas y el resto de dependen-cias. Cuando se trataba de servicios en campaña, debería haber un contra-lor encargado de la inspección de los hospitales, que estaba a las órdenes del intendente del Ejército, del que recibía las pautas precisas para preparar camas, ropa, cajas de medicina y de cirugía, con los utensilios precisos, y personal preciso en el hospital de campaña. La plantilla se completaba con un comisario de entradas y un capellán mayor con sus capellanes. En lo con-cerniente a personal sanitario, el reglamento hacía hincapié en la importan-cia de designar a un protomédico,56 que debería ser un médico graduado y destacado entre sus compañeros de profesión, encargado de confeccionar el listado de medicinas, dar las órdenes oportunas a sus compañeros y designar al personal con más experiencia para ejercer cargos de responsabilidad. El protomédico también se ocuparía de las visitas y revistas a la botica, con-feccionar los formularios y del control sanitario del hospital, así como de la vigilancia del cumplimiento de las obligaciones del personal médico.57 Y en cuanto comenzaban a llegar los pacientes, destinaría al personal sanitario necesario, calculando un médico por cada 50 pacientes, evitando en lo posi-ble encamar a dos pacientes por cama, que era una práctica habitual, aunque peligrosa por favorecer el contagio de enfermedades infecciosas. Otros nombramientos eran los del primer médico, o médico consultor, que asistiría expresamente a los oficiales, mientras que el resto de médicos lo harían con los soldados y, por último, el del cirujano mayor, que debería 56  El protomédico era un cargo de nombramiento real para servir en el Ejército. 57  Riera, J.: «Organización hospitalaria militar en la España ilustrada. (Las Ordenanzas de 1739)», en Asclepio, n.º XXVI-XXVII, 1974-1975, págs. 75, 121-122. Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 11-72. ISSN: 0482-5748


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