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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

66 LUIS ALFONSO ARCARAZO GARCÍA ésta un asilo donde sin tardanza se recoja la sangre que vierten sus heridas, y donde se curen las enfermedades que engendran las fatigas de campaña». El autor refiere que era horrible y lastimoso el estado de la mayoría de los hospitales en todos los ejércitos, como los de Tarragona, tras la acción de Valls; los del 4.º Ejército o el Hospital del Centro, después de la retirada de Tudela, sobre todo en los hospitales de Almagro y en los de Cuenca, concretamente en la Misericordia y en la Trinidad, donde hubo carencia de camas, abrigos, sirvientes, medicamentos, vasos de limpieza y, lo peor, la gran desproporción entre el número de facultativos y el de enfermos, incluso hubo carencia de confesores y de enterradores. El discurso dice sobre los mencionados hospitales: «son los que han reunido más in-sultos Fig. n.º 17. Discurso económico-político sobre los hospitales de campaña Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 11-72. ISSN: 0482-5748 a la humanidad ... en vez de camas tenían que echarse en el suelo, sin siquiera paja, habiendo salas en que estuvieron muchas horas seis cadáveres, que servían de almohadas a otros que tendidos en el mismo suelo estaban agoni-zando ». Añadía que «un ejército en el que la Hacienda prevé todas las necesidades de sus soldados, como un asilo para su curación de sus heridas o enfermedades, mantiene la disciplina, pero nunca en tropas mendigas y sin hospitales. Su falta acarrea consecuencias irreparables, ya que los soldados pueden sufrir la falta de paga, la desnudez pero no tienen sufrimiento para aguantar el mal estado de los hospitales».113 Como consecuencia de aquella situación, muchos pacientes se mar-chaban a sus casas en busca de remedio, contagiando a las familias y a los vecinos de sus pueblos. Se calcula que el 20% de los soldados ingresados en los hospitales de Cuenca murieron, «La influencia del mefitismo hizo 113  Discurso económico-político sobre los hospitales militares de campaña. En la imprenta de Salvador Fauli, Valencia, 1814, atribuido a Hernández Morejón.


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