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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

78 MARTA BAILÓN GARCÍA podía juzgar delitos cometidos contra los tratados y sellaba diferentes pactos con otras potencias. La forma arcaica de realizar las cláusulas de los diferentes tratados se llevaba a cabo a través del collegium fetialium mediante un estricto ritual. El ceremonial, cuyo origen provenía, según la tradición, de tiempos monárquicos, establecía las reglas y prácticas religiosas para la paz y la guerra. Las normas para fijar la paz fueron instituidas por el rey Numa mediante la ceremonia de la repetitio (expresar las reclamaciones del pueblo romano, de forma pacífica, ante la potencia en liza), antes de declarar la guerra. En caso de no conseguir el propósito deseado, se declararía la guerra justa, con el beneplácito de los dioses. La legislación para fijar la guerra sería reglamentada por los reyes Tulo Hostilio y Anco Marcio, introduciendo la figura del pater patratus, o primer representante de los sacerdotes feciales, capacitado para llevar a cabo los tratados de alianzas (foedus), y, la consulta y tramitación de la declaración de guerra justa ante el Senado, junto con el rito posterior celebrado a las puertas de la frontera enemiga.5 La formalización de los acuerdos se efectuaba a través del miembro más importante de la congregación, el llamado pater patratus populi romani, encargado de llevar el cetro de los juramentos. El pater patratus representaba fuera de las fronteras al pueblo de Roma y sus funciones inspiraban a todos la veneración más profunda. Tenía como misión pronunciar el juramento sancionador del tratado mediante una fórmula ritual. Tras enunciar las cláusulas, el pater patratus convocaba a Júpiter como testigo de este juramento, al mismo tiempo que realizaba un ritual mágico de cumplimiento. Prometía que el pueblo romano cumpliría fielmente los acuerdos y que de no ser así, si se retiraba el primero en su cumplimiento, caería la furia del dios Júpiter sobre Roma, igual que el cerdo escogido para el sacrificio inmediato realizado por el sacerdote mediante una piedra de sílice. El ritual mágico suponía equiparar al animal de sacrificio con lo que le podía suceder a Roma si in cumplía el tratado. El cerdo representaba al perjuro o a aquel que se apartara de las condiciones del tratado firmado. La piedra ritual procedía del templo de Júpiter Feretrius y se utilizaba para este tipo de acuerdos. 6 Tito Livio, en 5  Fernández Baquero, M.ª-E.: «Regulaciones pacíficas en la Roma monárquica», en Muñoz Muñoz, F. A. y Molina Rueda, B. (eds.): Cosmovisiones de paz en el Mediterráneo antiguo y medieval, Colección Eirene, Instituto de la paz y los conflictos, Granada: Universidad de Granada, n.º 10, 1998, págs. 177-178. 6  Tito Livio, I, 24, 4-9. El rito fecial de arrojar una lanza de hierro ensangrentada se repite en otros autores clásicos como Ovidio: Fast., VI, 205-208; Amiano Marcelino, XIX 2, 6; Virgi-lio: Aen., IX, 50-55. Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 73-102. ISSN: 0482-5748


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