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REVISTA HISTORIA MILITAR 116

86 MARTA BAILÓN GARCÍA Tradicionalmente, en Roma existieron los tratados de extradición para sus ciudadanos, mediante los cuales si un ciudadano romano agredía a un extranjero o a una potencia aliada, este debía ser juzgado por dicha potencia extranjera. Una embajada de la nación ofendida, conducida por un cónsul, debía exponer ante el Senado los motivos de la ofensa y pedir la entrega del agresor. Tras la exposición de motivos, el Senado sometía el asunto de violación de tratados al juicio del colegio fecial. Si el ciudadano romano era declarado culpable se procedía a su extradición a territorio aliado, donde debía ser juzgado mediante un iudicium recuperatorium análogo al romano, es decir, un tribunal extraordinario para juzgar casos de agresión que afectaran a los acuerdos de paz entre Roma y sus aliados. La extradición de individuos, en origen, se podía producir por delitos particulares o por motivos públicos relacionados con el incumplimiento de las bases de los tratados de alianza. Con el transcurso del tiempo, los procesos de extradición fueron perdiendo su importancia, cayendo en desuso, quedando limitados a los delitos de incumplimiento de los pactos, ya que se fueron constituyendo diferentes tribunales especializados en los territorios aliados que juzgaban a sus compatriotas por los delitos contra los extranjeros. La reclamación de individuos continuaría para aquellos delitos públicos, es decir, aquellos que afectaran a los acuerdos internacionales. En el transcurso de la segunda guerra samnita (326-304 a.C.), contienda en la que Roma sometió a enemigos tradicionales como los etruscos y los samnitas, además de facilitar la construcción de la Via Appia que unía Roma con Capua, se efectuaron extradiciones relatadas por la tradición.16 Una de las referencias al desarrollo de dichas reclamaciones queda descrita por Tito Livio en su libro VIII, 39, 11-14. En este pasaje, el culpable es un personaje relevante samnita (extranjero) que fue entregado, mediante la ley fecial, al pueblo de Roma, encarnado en la institución del Senado: «Algunos (ciudadanos samnitas, pertenecientes a la asamblea) se atrevían ya a citar por su nombre a los promotores de la guerra. Se podía oír sobre todo entre el clamor unánime el nombre de Brútulo Papio: era un hombre noble y poderoso, responsable sin lugar a du-das de la ruptura de la reciente tregua. Forzados los pretores a some-terlo a debate, decretaron que Brútulo Papio les fuese entregado a los romanos y que juntamente con él se enviasen a Roma todo el botín de procedencia romana y sus prisioneros, y que fuesen devueltas, de acuerdo con el derecho humano y divino, todas las cosas que a tenor 16  Cabrero Piquero, J. y Cordente Vaquero, F.: Roma. Otros tiempos, otras culturas, Madrid: Edimat Libros, 2008, págs. 107-108. Revista de Historia Militar, 116 (2014), pp. 73-102. ISSN: 0482-5748


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