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de Mecánica, de acuerdo al nuevo plan de estudios establecido en la Escuela Naval Militar. los Guardiamarinas han recibido clases tanto teóricas como prácticas, teniendo la oportunidad de ampliar sus conocimientos técnicos y marineros, así como elevar su bagaje cultural y recibir de manera directa los principios, hábitos y virtudes que constituyen el alma de la profesión. Este hecho no podía pasar inadvertido para una publicación como la nuestra, que trata de reflejar todo aquello que sea de interés para nuestro personal, así que nos pusimos en contacto con Rafael Carreño Morales y Antonio Eirís Barca, profesores del CuD, para que compartieran su experiencia docente a bordo de nuestro buque escuela, durante la primera y segunda fase respectivamente de este último crucero de instrucción. P.—Rafael, cómo llegó a ser profesor titular del CuD? Antes de que se implantara el primer curso del título de grado en septiembre de 2010, fue publicado un concurso para la contratación de personal docente. Hasta las fechas previas al concurso y desde hacía seis años, yo había estado trabajando en el sector de la construcción. Por otro lado, en virtud del convenio de colaboración entre la universidad Nacional de Educación a Distancia (uNED) y la Escuela Naval Militar (ENM), comencé en 2007 a impartir docencia a los alumnos de la ENM, prácticamente hasta el final del modelo de enseñanza anterior. Con el bagaje de mi experiencia y formación pensaba que tenía posibilidades de conseguir una plaza. Por ello decidí presentarme y aquí estoy. P.—¿Tiene algún antecedente familiar que le una a la Armada? Mi padre es cartógrafo de la Armada y de sus 42 años de servicio, 39 de ellos estuvo destinado como profesor en la Escuela Naval. P.—En su opinión ¿el alumno de la Escuela Naval es muy distinto a los universitarios civiles? Pienso que no son tan distintos. En ambos casos se trata de jóvenes que quieren estudiar la carrera que más les atrae y que pueden compartir ideas o inquietudes parecidas, propias de su generación. Considero que el mero hecho de elegir una carrera civil o militar no establece grandes diferencias entre los alumnos, al final cada uno elige el papel que le gustaría desempeñar en nuestra sociedad. Más bien creo que es una cuestión de vocación. A lo largo de su formación, es evidente que un joven estudiante va cambiando y moldeando su personalidad de acuerdo con los intereses y competencias de su futura profesión. Igualmente, podríamos establecer una comparación similar entre estudiantes civiles de dos carreras tan distintas como por ejemplo, psicología e ingeniería aeroespacial. P.—¿qué determinó su decisión de embarcar para completar su labor docente a bordo en el Juan Sebastián de Elcano? En los años ochenta tuve la posibilidad de realizar voluntariamente cuatro viajes de Marín a Cádiz pues siempre me atrajo la navegación a vela y la ocasión era idónea, en un buque tan emblemático como el Elcano, aunque eran sólo tres días de navegación. Esta experiencia me marcó y ante la oportunidad de volver 25 años después, no me lo pensé dos veces. Además, era un reto profesional, pues no sabía cómo respondería en una navegación tan larga mientras impartía mi docencia, pero siempre me han motivado los desafíos profesionales. Y la posibilidad de conocer lugares y culturas nuevos suponía un aliciente más. P.—¿Cuáles diría que han sido las causas que han promovido esta nueva «fórmula de embarque» del profesorado civil en el buque escuela? Sin duda ha sido motivado por el cambio de modelo de enseñanza y debido a la duración del crucero de instrucción. Durante los seis meses de éste, la formación del segundo cuatrimestre académico se lleva a cabo a bordo del Juan Sebastián de Elcano. P.—le pediríamos que compartiera con nosotros los mejores y peores momentos de su experiencia a bordo. la verdad es que no es tan fácil decirlo, han sido muchos. Entre los mejores me quedo con las arribadas a puerto y todo su protocolo, la sensación de seguridad de tocar tierra tras una navegación más o menos azarosa, la travesía del Atlántico, mi subida a la cofa…, sin olvidar la convivencia tan enriquecedora, en un espacio reducido, con más de doscientas personas. lo peor, sin duda, fue una parte de la navegación por el Mediterráneo, donde soportamos temporales, con rachas de viento de más de 60 nudos. Aunque uno termina adaptándose a un movimiento continuado que hace incómoda la vida a bordo, sobre todo a los que no estamos acostumbrados. P.—Tras haber finalizado su estancia a bordo ¿considera necesario estar familiarizado con la vida en la mar para llevar a cabo esta aventura? Estrictamente necesario no es, pero lo veo útil para saber lo que uno se puede encontrar. De todas maneras, para mí lo principal es tener claro que te gusta la mar y saber perfectamente dónde te metes, aunque no tengas experiencia. P.—¿Cómo ve la carga lectiva que deben soportar los alumnos embarcados en el crucero de instrucción al tener que compaginarla con sus obligaciones como miembros de la dotación 30 BIP Rafael Carreño Morales


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