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REVISTA DE HISTORIA MILITAR EXTRA COLEGIO ARTILLERIA

162 GUILLERMO FRONTELA CARRERAS militares, etc. El profesor comunica que en el plazo de cuatro meses sus alumnos estarían preparados para ser útiles a la Patria, después de un exa-men público o reservado, delante de las personas designadas por el Go-bierno. Además, propone reunir en la Academia a todos los subtenientes y cadetes del ejército para dar un mayor impulso a la instrucción. También es un momento apropiado para las pretensiones de Gil de Bernabé, pues el día 24 llega a la Isla el Duque de Alburquerque al mando del 4º Ejército con 11.000 hombres y con la misión de impedir la entrada de los franceses a la mítica Gades por la estrecha franja de tierra que discurre entre el caño de Sancti-Petri y el castillo de San Sebastián, en la Caleta de la ciudad. Sin duda necesitaba oficiales. Gil de Bernabé es autorizado a restablecer su Academia Militar, ha-ciéndolo en el mes de abril con el nombre de Nacional y Patriótica Aca-demia Militar de la Isla de León, que después se convertiría en la Escuela Militar del 4º Ejército, al constituirse una en cada uno de los ejércitos españoles a imagen de su academia. Nuevamente vuelve a cobrar auge, hasta el punto que a finales de 1810 prosperó tanto que llegó a tener 647 alumnos de Infantería y Caballería promovidos a subtenientes. Ocupa los pabellones del hospital de la población de San Carlos, monta una escuela de equitación y se ponen a su disposición dos piezas de artillería para la instrucción práctica. La Regencia accede a su propuesta y autoriza que a los escolares de la Universidad de Toledo se sumen los cadetes y subtenientes del 4º Ejército para perfeccionar su instrucción, los distinguidos de la Real Maestranza de Ronda y los cadetes del Real Colegio de Artillería. El coronel también pone en marcha un segundo curso para preparar a los voluntarios que lo deseen para el examen de los Cuerpos Facultativos de Artillería e Ingenieros, a fin de que los aptos puedan pasar a sus respectivos Colegios. Gil de Bernabé abre de nuevo las puertas del colegio artillero, como director de estudios y primer profesor, con el teniente coronel don Joseph Bergara, como segundo profesor y el capitán don Julián Solana, como ayu-dante mayor; ambos participantes en el éxodo desde Segovia. Permanece en la Isla de León hasta que es reorganizado en Cádiz para marchar a su nueva ciudad de acogida, lo cual se estaba demorando por la delicada situación del Gobierno de la España libre y la consiguiente penuria económica. Ante la falta de libros de texto, al haber tenido que dejarse en Sevilla, las clases se dan con manuscritos del propio Gil de Bernabé y con varios Tratados elementales para la instrucción de los Cadetes de Artillería, escritos por el teniente del Cuerpo Nacional de Artillería, don Pedro de Fuertes y Catalán, ordenado por la Regencia a instancia suya. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2014, pp. 135-184. ISSN: 0482-5748


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