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REVISTA DE HISTORIA MILITAR EXTRA COLEGIO ARTILLERIA

190 PABLO GONZÁLEZ-POLA DE LA GRANJA tigüedad y este enfrentamiento con las armas generales, contribuía sin duda, a fraguar el ya bien consolidado espíritu de cuerpo artillero. Podríamos decir que la obstinación por mantener la escala cerrada, fue la clave más importante de la cohesión de los artilleros. Por eso la Junta Central, fundada como hemos visto en 1888, decidió, en acuerdo de 16 de junio de 1891, que desde la Academia debían los cadetes renunciar a los ascensos por méritos de guerra firmando en un libro que se les ofrecía antes de despedirse del solar segoviano y en el que se ratificaba el siguiente manifiesto: “Los artilleros que firman en este álbum quieren conservar en el Cuerpo, y transmitir con su ejemplo a los que vengan a formarlo, el tradicional espíritu de honor, unión y compañerismo que recibieron de sus antecesores, con, el que alcanzó las glorias y prestigios que goza para bien de la Patria y honor de sus individuos. Considerando que la escala cerrada es condición indispensable para el logro de tan altos fines resuelven mantenerla entre sí, ofrecien-do por su honor renunciar (por los medios que la ley permita) todo ascenso que obtengan en el Cuerpo o En vacante de general a éste asignada, y no les corresponda por razones de antigüedad”14. El mantenimiento de la escala cerrada implicaba para los artilleros la ausencia de arbitrariedades que, por la especial sensibilidad del tema, a la larga acabarían con el compañerismo y socavarían este espíritu artillero que pretenden salvar a toda costa. El tercer factor importante en el fortalecimiento de los lazos entre los miembros del Cuerpo era la preservación de la escala facultativa de artillería exclusivamente a los oficiales formados en el Colegio de Segovia. Por ello el conde de Gazola, obsesionado con la formación científica de los oficiales artilleros, puso mucho interés en no permitir el acceso de los sargentos pro-cedentes de tropa a la escala superior. Estos tenían una escala especial hasta alcanzar el empleo de “capitanes de carros” y los destinos eran las maestran-zas y los parques de artillería15. En 1806 se forman dos escalas, la “general o facultativa”, con los oficia-les de la Academia y la “práctica” para el ascenso de los sargentos que po-dían llegar al tope de capitán. Esta norma, que no era la habitual en las armas generales, creó un latente malestar que tuvo su punto álgido en los sucesos 14  Este álbum de firmas se custodia en la Sala de Honor de la Academia de Artillería de Segovia. Citado en VIGÓN Jorge: Historia. op.cit., vol II, pp.134-35. 15  Ibídem, p. 11. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2014, pp. 185-234. ISSN: 0482-5748


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