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MEMORIAL CABALLERIA 71

33 COLABORACIONES musulmanes desencantados del intento de modernización al estilo occidental de sus respectivos países. De hecho, el gobierno iraní continúa manteniendo una propaganda antiamericana y antioccidental y, paralelamente, de diseminación de movimientos islamistas entre los que destacamos la correspondiente al Líbano. En cuanto a la invasión de Afganistán por parte de las tropas soviéticas, fue un acontecimiento que supuso un esfuerzo y una reacción del mundo del Islam contra un país agresor, llegándose a crear una red de reclutamiento de fieles musulmanes que posteriormente dio origen a la organización al-Qaeda. El fundamentalismo islámico.- Se puede denominar «fundamentalismo» a las distintas corrientes religiosas que promueven la interpretación literal de un texto «fundamental». Es un término que fue acuñado a finales del siglo XIX por los cristianos protestantes estadounidenses. Posteriormente, entre 1910-1915, los pastores protestantes incorporaron estas ideas a una serie de panfletos que se repartían por las iglesias y seminarios de los Estados Unidos. Aquellos escritos, bajo el título «Los fundamentos: un testimonio de la verdad», reclamaban la «verdad literal » de la Biblia frente a la pérdida de influencia de los principios evangélicos en América desde principios del siglo XX. Este término se usa frecuentemente para describir movimientos que se sienten agredidos por la marginación de la religión en la sociedad secular y pretenden reinstaurar su papel central. Estos movimientos reclaman una vuelta a las raíces de la tradición religiosa mediante la observancia literal de los textos y principios básicos, independientemente de los factores históricos. En el caso que se trata, el islámico es un movimiento que aboga por la estricta «interpretación» de las leyes coránicas. El origen del fundamentalismo islámico es la corriente wahabista, que se tratará más adelante, y la causa de su auge fue el fracaso de las perspectivas de progreso de los países de Asia Central después del comunismo. Tras la caída del Este, algunos de estos países creyeron que entrarían en la senda democrática y, con la ayuda exterior, lograrían converger con los países occidentales; pero no fue así. Los nuevos presidentes manipularon el Islam y el nacionalismo para afianzar su poder, creando un ambiente de sometimiento similar al que ya se soportaba con el comunismo. Conforme fue aumentando el empleo de medidas represoras para preservar los regímenes, la oposición se fue radicalizando cada vez más, llegando a recurrir ésta incluso al terrorismo. Por otra parte, la negativa de los líderes a emprender reformas democráticas o económicas (a lo que hay que añadir el elevado nivel de corrupción de los gobernantes) en países fuera ya de la influencia y protección de la economía soviética, combinada con unas fuertes medidas de represión contra la religión, empujó a los más moderados hacia el lado de los radicales. De esta forma, la elevada debilidad económica que derivó en una gran pobreza, una fuerte corrupción, así como un incremento de diferencias entre religiones, enfrentamientos étnicos, falta de recursos… etc. y la ausencia de los valores propios de la sociedad occidental liberal, dejaron un peligroso vacío de satisfacción y fueron la excusa para culpar a occidente de todos los males, por degradar sus valores y apartarse del «camino que Alá trazó claramente a través del Profeta», justificando una reacción que abogaba por la necesidad de regirse por la auténtica guía divina, que no es otra que la interpretación literal de los textos sagrados. El resultado final de todo este proceso es una actitud antimodernista, opuesta a todo aquello que no esté estrictamente interpretado en la ley coránica. Y fue precisamente esto lo que ocurrió en Egipto con el movimiento de los Hermanos Musulmanes. Siendo el Islam una religión en la que existe una cierta simbiosis entre la religión y la política, el fundamentalismo está abocado a inmiscuirse en la política del estado, el paso previo al integrismo. El integrismo islámico.- Realmente es muy difícil encontrar una diferencia entre este término y el de «fundamentalismo», siendo empleados en numerosas ocasiones como sinónimos. El término «integrismo» tiene una raíz católica, y fue utilizado por primera vez por el Partido Nacional Católico, fundado en España a finales del siglo XIX, el cual abogaba por el mantenimiento de la «integridad» española. Este grupo, cuyas ideas estaban influenciadas por los franceses ultracatólicos, se autodefinió como «integrista» en relación a unas posiciones políticas que vinculaban los preceptos religiosos con la sociedad civil. Aquí radica la diferencia con el fundamentalismo, en que el integrismo excede el ámbito religioso para expresarse como fenómeno también de naturaleza política.


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