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MEMORIAL CABALLERIA 71

38 COLABORACIONES La otra modalidad la constituyen las organizaciones terroristas islámicas -de carácter nacional o territorial- que normalmente intentan transmitir la impresión de grupos islamistas de corte internacional, maquillándose con el pretexto de la ideología islámica pero tienden a expresar sus intereses nacionales y luchan por ciertos territorios, como Hamas, la Yihad Islámica, Hezbollá…etc., siendo en ocasiones financiadas, guiadas, apoyadas o, incluso, empleadas por ciertos estados (o por las organizaciones terroristas islámicas internacionales), para el logro de sus intereses. De no controlarse estas organizaciones con la suficiente antelación, la influencia de sus actividades podría llegar a sobrepasar sus fronteras y expandirse provocando una peligrosa y progresiva inestabilidad en toda su zona de influencia. Para finalizar y aplicando la lógica, pese a lo que algunos expertos defienden, se considera que el empleo del término «terrorismo islámico» no solamente es correcto sino que es el más apropiado. Los actos terroristas no son monopolio de un único grupo, cultura, región geográfica u orientación política; por eso, cuando se emplea el adjetivo «islámico», se está refiriendo al que practican unos individuos en concreto, con unos métodos característicos y unos objetivos exclusivos, y todo ello con un denominador común: imponer en la sociedad una religión, que en este caso es el Islam. Por lo tanto, el empleo de este término no debería entenderse como un axioma según el cual todos los «islamistas» son terroristas y mucho menos que todos los terroristas son «islamistas». Esta postura, además de carecer de rigor, constituiría una muestra de ignorancia y falta de respeto a todos aquellos islamistas moderados que combaten el extremismo24 y que constituyen, en sí mismos, una de las armas más poderosas en la lucha contra esta lacra social. El mejor sistema para evitar «estigmatizar» de terrorista a todo musulmán debido a la odiosa postura de unos cuantos es conocer y fomentar el respeto de su identidad cultural eludiendo su marginación. El empleo correcto de todos los términos constituye, en buena medida, una herramienta y el primer paso para lograr este objetivo. 24  Poniendo en el empeño, en ocasiones, su propia vida en juego. 2ª PARTE: EL PANARABISMO Y LOS MOVIMIENTOS ISLAMISTAS Todo «movimiento» pretende el desarrollo y propagación de una tendencia religiosa, política, social, estética, etc., de carácter innovador. Por definición, los movimientos sociales constituyen un fenómeno de cohesión colectiva en torno a una acción reivindicativa de masas de carácter macro-social (generalmente un proceso de cambio social profundo que afecta a un determinado orden social), y que se caracteriza por ser un intento consciente, colectivo y relativamente organizado de provocar (o, excepcionalmente, resistir) por medios no institucionalizados, un cambio sustancial en el orden social. En el siglo XIX surgieron a nivel mundial una serie de movimientos contrarios al imperialismo. Posteriormente siguió una descolonización de territorios entre los que existía una gran diferencia geográfica y cultural, como Arabia, Indonesia, el Magreb, Afganistán, Pakistán, Turquía o Egipto que dejaron de pertenecer a diversos imperios (el Otomano, el Británico, el Francés) pero compartiendo entre ellos, a partir de ese momento, un signo fundamental de identidad: el Islam. Muchos de los gobiernos de estos países recién independizados trataron de crear sistemas políticos occidentalizados, pero la mayoría fracasaron. El estilo de vida «occidental» fue visto por muchos sectores de su sociedad como una continuación de la época colonial y, lo que era más grave, un alejamiento a las tradiciones religiosas. Este fenómeno tuvo como resultado el surgimiento y propagación de movimientos islamistas (que fue en aumento), los cuales propugnaban una transformación sustancial de las teorías y prácticas políticas, adaptándolas a las costumbres sociales tradicionales del mundo antiguo. Conforme iban tomando fuerza estos movimientos islamistas, paralelamente se iba extinguiendo el panarabismo, un movimiento que pretendía unificar a los musulmanes de Oriente Medio por encima de las nacionalidades. Con el paso de los años todas estas circunstancias dieron lugar a situaciones muy dispares que iban configurando paso a paso el escenario actual, caracterizado por opciones regionales muy diversas y, con toda seguridad, todavía provisionales. Así nos encontramos con Irán y Libia, que con el tiempo pasaron a ser países muy radicales con una actitud antioccidental y fundamentalista.


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