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MEMORIAL CABALLERIA 71

52 COLABORACIONES Regimientos en las épocas que disponían de cuatro Secciones por Escuadrón o en algunos años que dispusieron de cinco Escuadrones. AÑOS CINCUENTA. LA CABALLERÍA SE DESMONTA A pesar de que algunos Regimientos ya se desmontaron en 1940, la Caballería de 1960 lo estaba prácticamente en su totalidad, aún cuando tres Regimientos siguieron dotados parcialmente de ganado hasta 1965. Podríamos decir que fue el primer paso de la decadencia de las Bandas de Caballería. Aunque se mantuvieron los toques de ordenanza en los cuarteles, las formaciones pie a tierra y consiguientes desfiles hicieron necesario el uso de los tambores, de tal forma que en pocos años la mayoría de las marchas a caballo (puntos de marcha) quedaron en el olvido. Por otra parte, la evolución social de España acababa con la recluta tradicional de educandos de banda. Ya nadie se apuntaba a un futuro dentro del Ejército como componente de una Banda para seguir en ella toda la vida. Los Trompetas procedían todos del cumplimiento del Servicio Militar, pero ya no había renovación de sus cuadros directivos. Para el inicio de la década de los ochenta apenas quedaba un Maestro de Banda por Regimiento de Caballería y, aunque el denominado Voluntariado Especial abría esta puerta y en algunos Regimientos hubo una nueva entrada de aspirantes, pocos años después llegó la nueva Ley 17/89 que prácticamente acabó con el concepto tradicional de las Bandas de Guerra. Y se perdió así el pequeño realce de las Bandas de Caballería que todavía tuvieron algunos años de vigencia. Al menos así sucedió en la de algunos Regimientos, como la del Regimiento Pavía, en la que el esfuerzo de su Maestro, tanto por conseguir nuevos voluntarios como por crear composiciones del clarín adaptadas a los tambores, hicieron de ella un espejo de la Caballería española en todas sus actuaciones. LA LEY 17/89 Es cierto que el legislador se encontraba ante problemas de difícil solución. Las Escalas de Banda no se adaptaban en absoluto al nuevo modelo de formación en proyecto. Es cierto que además había hasta siete Escalas independientes dentro del mismo Ejército de Tierra. Pero en lugar de buscar una solución dentro de los nuevos modelos educativos, se buscó el camino más fácil. Las Escalas se disolvieron y quedaron a extinguir. Y entre ellos varios Voluntarios Especiales, reclutados con tanto esfuerzo apenas hacía unos años que se quedaban sin ningún futuro. Por lo demás ¿Qué importancia tenían unas Bandas que consumían recursos? A los actos militares (cada vez más centralizados y menos «públicos ») acudirían las Músicas Militares, y cuando no las hubiera para ello estaba la técnica con sus altavoces chirriantes. Realmente el legislador pensó con la eficacia y poco con la Institucionalidad, tantas veces aludida pero tantas veces ignorada. Mucho se nos llena la boca de agua al hablar de las tradiciones y su conservación, pero en muchas ocasiones se nos olvida que su mantenimiento no es solo cosa de los demás. Es cosa de los demás y nuestra también. Y tenemos que reconocer nuestros defectos. La tradición secular española miró siempre a los componentes de las Bandas con cierta displicencia, complacidos eso sí, por su eficacia «natural». En otros países ya se inculca a los jóvenes aspirantes a Oficiales desde sus inicios y, de hecho, las Bandas de algunas de sus Academias Militares están formadas por sus propios alumnos. Esto es absolutamente impensable en nuestros Centros de Enseñanza. LA NORMA GENERAL DE BANDAS DE GUERRA Para 1999 apenas quedaba en nuestro Ejército ninguna Banda digna de tal nombre. El Estado Mayor del Ejército trató de dar una normativa interna para buscar una solución. Era una cuestión un Banda de la BRC «CASTILLEJOS» II sobre vehículo, en el año 2002.


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