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MEMORIAL CABALLERIA 71

79 LA CABALLERIA EN OPERACIONES HISTORIA ya era famosa por sus curas y premoniciones), por una caída de caballo, de la que por poco se queda coja. Probablemente el Cid se fijó en ella por compasión, creyendo que la inválida estaría allí para profesar la religión21. Para deshacer la idea de que fue un matrimonio de conveniencia, pensemos ¿qué hacía una gran dama de sangre real, destinada a casarse con algún miembro de la realeza, con un infanzón castellano? Así que solo cabe pensar que se casaron por amor. Aunque también es posible que Rodrigo buscase ingresar de esta manera en la alta nobleza del reino, ya que por nacimiento lo tenía vedado; así, de esta manera podía alcanzar el título de conde, tan deseado por él. Sí que es cierto que la familia de doña Jimena no veía con buenos ojos tal enlace. Cuando le comunicaron a Alfonso la idea de doña Jimena de desposarse con Rodrigo éste puso trabas, pues desde la batalla de Cabra y la jura de santa Gadea Rodrigo no gozaba de su favor. 21 Según la historia, la gallega aprovechando su cercanía a Eximina hizo de Celestina, enamorándose perdidamente uno del otro. ¿Por qué accedió entonces el rey Alfonso a la boda? Pues seguramente porque en caso de haberse negado se hubiera interpretado como una venganza personal. Así que sobre el 20 de junio de 1074 don Rodrigo Díaz de Vivar y doña Jimena Díaz contrajeron matrimonio en la catedral de Oviedo, asistiendo como testigos las infantas doña Elvira y doña Urraca, el conde Peláez, Álvar Fáñez y Martín Antolínez. PRIMER DESTIERRO DEL CID Tras la boda del Cid éste recobró el favor del rey, quién lo mandó a cobrar parias. El primer desencuentro con su rey ocurrió en Sevilla, donde se encontraba para cobrar las parias de Al-Mutamid. En esas fechas otro enviado de Alfonso, el alférez García Ordóñez, se encontraba en el reino de Granada para cobrar una deuda que el rey Abd Allah debía al rey Alfonso. El rey Abd Allah aprovechando que se encontraba el alférez del rey Alfonso en sus tierras se presentó en Sevilla, alegando que tenía derechos sobre el reino de Sevilla. El rey Al-Mutamid le pidió al Cid que intercediera para que cumpliese los términos del acuerdo con don Alfonso. El Cid, después de pensárselo, decidió defender el territorio sevillano. Rodrigo le hizo llegar a García Ordóñez que no se entrometiese mientras él estuviese cobrando las parias para Castilla y León. García Ordóñez no hizo caso y entró en batalla, en Cabra (Sevilla). El mismo Cid descabalgó a Ordóñez, encadenándolo junto al rey de Granada en un cruce de caminos para que fuese visto por todos. Aunque fueron liberados tres días después. El segundo desencuentro ocurrió cuando el rey Alfonso con su ejército se encontraba tomando posiciones en Toledo, según algunos para sustituir al rey de Toledo. Las crónicas cuentan que el Cid no participó en esta campaña porque estaba enfermo. Sin embargo, un centenar de jinetes musulmanes se dedicaban a saquear las tierras cristianas, quemando aldeas, asesinando a hombres y violando mujeres y niñas. El objetivo de estos jinetes era distraer la atención del rey, para obligarle a fraccionar su fuerza. Sin embargo estos musulmanes cometieron un error; en lugar de atacar León, atacaron Castilla. Cuando las noticias de estos actos llegaron al Cid rápidamente se puso en marcha y, en pocos días, ya reunía un escuadrón de caballería. La aparición del Cid provocó entre los musulmanes el pánico, provocando la huída de éstos hacia el sur. Escultura de Doña Jimena en el Puente de San Pablo (Burgos), autor Joaquín de Lucarini.


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