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MEMORIAL CABALLERIA 71

80 LA CABALLERIA EN OPERACIONES HISTORIA Lo que pudo ocurrir en realidad es que el rey Alfonso prescindió de los servicios del Cid. Para el rey Alfonso, después de la jura de Santa Gadea, el matrimonio con doña Jimena y la batalla de Cabra, el Cid no era más que un estorbo. Los nobles leoneses acusaron al Cid de traidor, pues había puesto en peligro la seguridad del rey en tierras toledanas. Así que poco tardó el rey Alfonso en ceder a las presiones y amenazas de la nobleza leonesa, y desterró al Cid. Tal como marcaba el Fuero Viejo de Castilla, en el plazo de 30 días debía abandonar las tierras del reino. Y así lo hizo el 9 de octubre de 1081. Pero no marchó solo, muchos de sus caballeros marcharon junto a él. Unos seis escuadrones, 300 caballeros castellanos, acompañaron al Cid en su inicio del destierro. SEGUNDO DESTIERRO DEL CID Habían pasados los años, y Rodrigo se había convertido en todo un luchador renombrado al servicio del rey de Zaragoza Al-Mutamin. La reconciliación se produce cuando el rey Alfonso sitió Zaragoza. No hay crónicas que digan que el Campeador interviniera, era lógico que el Cid no levantara un dedo contra su rey. Una vez levantado el sitio en julio de 1086, la presencia del Cid en tierras musulmanas era embarazosa y podía considerarse al rey musulmán como traidor por tener a un cristiano en su reino. Para el Cid, era el momento oportuno de regresar a Castilla y reencontrarse con el rey Alfonso VI. Este encuentro se produjo en Toledo a principios de 1087. El segundo destierro viene precedido por el controvertido sitio de Aledo. Todo indica que Alfonso había mandado emisarios al Cid para que se presentara junto a sus tropas en la defensa de la fortaleza murciana de Aledo. El punto de encuentro de ambos contingentes se situaba en Villena, pero lo cierto es que el Cid nunca encontró a las tropas de Alfonso, decidiendo continuar hasta Hellín, en donde el Campeador esperaba encontrase con Alfonso. Podía haber ocurrido que Rodrigo se hubiera equivocado en el cálculo de la marcha de las tropas leonesas, y por lo tanto hubiera llegado tarde al encuentro (cosa algo difícil pues el Cid poseía grandes conocimientos de tiempos y topografía); o que volvió a ser víctima de un engaño sobre el lugar y la fecha del encuentro. El caso es que Alfonso, levantado el sitio de Aledo, volvió a Toledo y don Rodrigo tremendamente apesadumbrado regresó a su campamento de Elche. Pronto comenzó la nobleza leonesa a insistir al rey leonés sobre los hechos ocurridos y acusaciones disparatadas hicieron que el rey dictara sentencia contra el Cid. Al Campeador le llegaron las nuevas todavía en su campamento de Elche, donde meditaba qué hacer, y a diferencia del primer destierro prefirió permanecer independiente e ir por libre. Ahora era libre, y esa libertad le capacitó para poner en práctica su genial plan estratégico para frenar a los invasores almorávides e impedir que ocuparan toda España. ¿GANÓ EL CID LA BATALLA DE VALENCIA DESPUÉS DE MUERTO? En el año 1086 aparecen en la península los almorávides, al mando del emir Yussuf. Cuando a los pocos años dominaban Al Ándalus, el emir se dispuso a subir por la costa de Levante hasta llegar a Francia, bajar por la costa italiana hasta llegar a Roma, para cortar la cabeza al Papa y poner fin al poderío de los infieles. Por aquella época el Cid ya era señor de Valencia. Cuando llegó el africano a sus dominios le paró en la batalla de Cuarte (1094), donde se utilizaron por primera vez escudos de hierro y madera para parar las flechas enemigas. Se sabe que el Cid ganó la batalla, vivo y lúcido. La crónica Roderici data la fecha de la muerte del Cid en el año 1137, sobre el mes de julio, entre los 49-50 años. Según varios historiadores esta fecha es errónea y la datan, según la crónica escrita del monasterio de San Pedro de Cardeña, en 1099, y más concretamente el 10 de julio, considerándola como la más fiable. Cuando muere el Cid todos sus jefes lloran y piensan que todo se acabó, y que llega la hora de volver a Castilla. Pero aquí surge la figura de doña Jimena que cogiendo la Tizona (símbolo sobrehumano del Cid) y empuñándola delante de todos los caballeros les dijo: «Mi familia y yo nos quedamos en Valencia para defender el legado de mi esposo ». Parece ser que aquella demostración de valor animó a los caballeros y arrodillándose ante ella juraron fidelidad. Los caballeros cristianos piensan que el Cid no ha muerto, que vive en ella.


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