PRESENCIA DE FLAMENCOS Y VALONES EN LA MILICIA ESPAÑOLA. Nº 7

Los Países Bajos y el Franco Condado se incorporaron a los territorios de Carlos V cuando este recibió la herencia borgoñona. Desde entonces y, sobre todo, a partir de Felipe II participan en las campañas militares imperiales y las de la Monarquía Hispánica contribuyendo con recursos y hombres a los mosaicos militares que eran en los siglos XVI y XVII los ejércitos españoles.

Los Países Bajos y el Franco Condado se incorporaron a los territorios de Carlos V cuando este recibió la herencia borgoñona. Desde entonces y, sobre todo, a partir de Felipe II participan en las campañas militares imperiales y las de la Monarquía Hispánica contribuyendo con recursos y hombres a los mosaicos militares que eran en los siglos XVI y XVII los ejércitos españoles.

A finales del siglo xv y comienzos del siglo xvi los reinos ibéricos iniciaban una expansión auténticamente mundial. Portugal, hacia el este y bordeando África, había llegado a la India, Aragón se asienta en Italia, y Castilla ha saltado a la orilla mediterránea africana y ha descubierto otro continente navegando hacia el oeste. Serán las bases de un dispositivo territorial que se ampliaría con Carlos V y Felipe II, que integraría las tres Coronas —Castilla, Aragón y Portugal—. Cuando esa expansión empezaba —no nos detendremos en disquisiciones demográficas, pues no hacen al caso— la población española no llegaba a los cinco millones y aumenta hasta cerca de los siete millones en 1600. Un potencial demográfico al que se le exigirá un esfuerzo ingente para atender el desarrollo económico y cubrir las necesidades militares generadas por unos territorios que no cesarían de crecer.

  • NIPO: 083-18-136-5
  • Fecha de publicación: 11/10/2018
  • Año Edición: 2018
  • Autor: Instituto Español de Estudios Estratégicos
  • Editor: Ministerio de Defensa. Secretaría General Técnica.
  • Número de Páginas: 188
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Los Países Bajos y el Franco Condado se incorporaron a los territorios de Carlos V cuando este recibió la herencia borgoñona. Desde entonces y, sobre todo, a partir de Felipe II participan en las campañas militares imperiales y las de la Monarquía Hispánica contribuyendo con recursos y hombres a los mosaicos militares que eran en los siglos XVI y XVII los ejércitos españoles. A finales del siglo xv y comienzos del siglo xvi los reinos ibéricos iniciaban una expansión auténticamente mundial. Portugal, hacia el este y bordeando África, había llegado a la India, Aragón se asienta en Italia, y Castilla ha saltado a la orilla mediterránea africana y ha descubierto otro continente navegando hacia el oeste. Serán las bases de un dispositivo territorial que se ampliaría con Carlos V y Felipe II, que integraría las tres Coronas —Castilla, Aragón y Portugal—. Cuando esa expansión empezaba —no nos detendremos en disquisiciones demográficas, pues no hacen al caso— la población española no llegaba a los cinco millones y aumenta hasta cerca de los siete millones en 1600. Un potencial demográfico al que se le exigirá un esfuerzo ingente para atender el desarrollo económico y cubrir las necesidades militares generadas por unos territorios que no cesarían de crecer.

Información adicional

Descripción Los Países Bajos y el Franco Condado se incorporaron a los territorios de Carlos V cuando este recibió la herencia borgoñona. Desde entonces y, sobre todo, a partir de Felipe II participan en las campañas militares imperiales y las de la Monarquía Hispánica contribuyendo con recursos y hombres a los mosaicos militares que eran en los siglos XVI y XVII los ejércitos españoles. A finales del siglo xv y comienzos del siglo xvi los reinos ibéricos iniciaban una expansión auténticamente mundial. Portugal, hacia el este y bordeando África, había llegado a la India, Aragón se asienta en Italia, y Castilla ha saltado a la orilla mediterránea africana y ha descubierto otro continente navegando hacia el oeste. Serán las bases de un dispositivo territorial que se ampliaría con Carlos V y Felipe II, que integraría las tres Coronas —Castilla, Aragón y Portugal—. Cuando esa expansión empezaba —no nos detendremos en disquisiciones demográficas, pues no hacen al caso— la población española no llegaba a los cinco millones y aumenta hasta cerca de los siete millones en 1600. Un potencial demográfico al que se le exigirá un esfuerzo ingente para atender el desarrollo económico y cubrir las necesidades militares generadas por unos territorios que no cesarían de crecer.
ISBN No
NIPO 083-18-136-5
Fecha de publicación 11/10/2018
Año Edición 2018
Autor Instituto Español de Estudios Estratégicos
Editor Ministerio de Defensa. Secretaría General Técnica.
Número de Páginas 188