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RESULTADOS Y CONSECUENCIAS DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO
En realidad, la popularidad de esas novelas del siglo XVI en la península fue
un revivir de la pasión medieval por la literatura caballeresca. Los romances
populares, que pertenecían a todo el pueblo y aún encantaban a los menos cul-tivados,
contenían algunos de los mismos elementos fantásticos e idealizantes.
Mas, rivalizando con ellos en interés entre las clases aristocráticas, estaban las
formas más novedosas de la crónica, que procuraba hacer citas históricas del
pasado. Conforme fue desplazada más hacia el sur la frontera mora —donde
los conflictos entre moros y cristianos proporcionaron tantos temas de expresión
artística—, dando mayor seguridad y respiro a las provincias del norte, estas
crónicas en prosa tomaron un sabor cada día más pintoresco; y al fin las dominó
un espíritu de invención poética y caballeresca que fundió, inexorablemente, la
verdad con la ficción. Así pues, los libros de caballerías solo fueron un paso
adelante y reaparecieron con el prestigio de autenticidad que envolvía las
crónicas contemporáneas. La imprenta, como medio multiplicador, hizo esta
resurrección más amplia y más influyente, porque la circulación de estos ro-mánticos
relatos ya no se concretó a los textos manuscritos que solían entretener
a los poderosos aristócratas, continúa explicando Leonard Irving.
En la primera mitad del XVIII, la imprenta valenciana de Agustín Laborda
imprime Relaciones, romances, historias, entremeses, estampas iluminadas y
otras menudencias; en 1822, la imprenta de Ildefonso Mompié, también valen-ciana,
anuncia su «buen surtido de retacería, estampas pintadas y negras, come-dias,
sainetes y unipersonales« (11). Hay un puesto de romances que se encuentra
en la plaza de la Compañía, de Valencia que los vende, y la Librería Hijos de R.
Mariana y Mompié, de Valencia, desde 1880, tiene «un variado surtido en his-torias,
romances, trovos, cantares, etc.; gozos y oraciones a varios santos; libritos
de la rueda de la fortuna, libros de cocina, juegos de manos, escribiente de los
enamorados, arte de enamorar y otros; sainetes de varias clases, más de 500 tí-tulos;
aleluyas, soldados, santos y variedad de calcomanías; novenas y libritos
devotos, doctrinas, lapiceros, libritos de cuentos y chistes, etc.». Entre toda esta
variedad no hay alusiones a la vuelta al mundo.
La Hermandad de Nuestra Señora de la Visitación, obra pía de los ciegos de
Madrid se constituyó en 1581 (12), y tenía el monopolio para la venta y el reci-tado
de las relaciones de sucesos, los romances, las relaciones de reos, las guías
de forasteros, el recitado de las noticias de las gacetas oficiales y de los calen-darios.
Durante tres siglos —y constituidos, realmente, como gremio tácitamente
reconocido— su función fue hacer respetar sus prerrogativas y oficializar sus
privilegios, asegurándose la distribución de los impresos relativos a lo antedicho.
Según sus estatutos, «los ciegos de la Corporación, por sus Ordenanzas, no
(11) BOTREL, Jean François: «El género del cordel», en DÍAZ VIANA, op. cit., pp. 41-69.
(12) FERNÁNDEZ, Pura: «El estatuto legal del romance de ciego en el siglo XIX: a vueltas con
la licitud moral de la literatura popular», en DÍAZ VIANA, op. cit., pp. 71-120.
420 Agosto-septiembre